Cuanto más mejor

Mi residente Arleen sigue produciendo material interesante fruto de su navegar por esos mares hasta que vuelva al puerto de donde partió.



Ya que…


-¡María Pérez García! -escuché la voz de uno de los celadores que llevan los pacientes a realizarse los estudios de imágenes. Apresuré el paso al reconocer el nombre de mi paciente, a la que vi en silla de ruedas siendo transportada por el celador. –Un momento. ¿Dónde la llevan? Indagué. –A realizarse un TAC craneal, y radiografías en varias partes del cuerpo., me respondió el celador, mientras leía la solicitud. –Pero eso es imposible, ¿quién se lo pidió? Le pregunté.
La había visto hacia media hora. Había consultado por uno de sus frecuentes episodios de lumbociatalgia, secundario a unas bastante vistas, estudiadas y confirmadas hernias discales. Se le administró un antiinflamatorio, y luego de ser historiada y confirmada por mí, de que solo era uno más de sus crisis, estaba solo esperando a que mostrara mejoría de sus síntomas para darle el alta.
Revise el número de historia clínica y observe que eran diferentes, investigando descubrimos que habían 2 pacientes con el mismo nombre, y que la otra había estado involucrada en un accidente de tráfico, con TCE incluido, razón de pedirle el TAC y los demás.
-Pero doña María, usted sabe que no íbamos a realizar ningún estudio de imagen, como se le ocurre irse tan mansamente a que le hagan placas, le recriminé amablemente.
-Ay hija, ya que estoy aquí, no está de más que me realice ¨alguna pruebita para ver si estoy bien¨
Recordando mi educación cristiana, decidí llevar esa alma por buen camino, instruyéndola de forma apacible en los peligros de las radiaciones frecuentes y en grandes cantidades, a lo que ella restó importancia sin apenas inmutarse; agregue el gasto público, y lo mal económicamente que anda la sanidad, lo que sospeche y me confirmó, le importaba un soberano pepino. Sin poder concienciarla, y notando que las amarras de mi control se tensaban al máximo, y que estaban muy próximas a romperse, me asegure que había mejorado del dolor, y le di el alta.
Concienciar acerca de la utilización innecesaria de los recursos, se vuelve una parte constituyente en la entrevista con nuestros pacientes en los tiempos que corren; tanto por la salud física del paciente, como por la financiera de la sanidad publica. A veces me torno un poco reticente, ante los ¨para eso pago la seguridad social¨ Pero aun así, lo sigo intentando, después de todo soy médico de atención primaria, me gusta prevenir daños.


La grumetina.

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Un cuento mal contado

La grumetina (mi resi ya no tan pequeña Arleen) se ha empeñado en mantener con vida el desembarco de la flota, aquí tenéis otro comentario muy instructivo de las vivencias del residente de guardia.



Un cuento mal contado…


Como flamante R3 toca ya hacer mis pinitos en camas de observación; y en una de mis primeras guardias me llega un hombre de unos 78 años al que llamaremos don Pepe.
Don Pepe, varón de 78 años (para que nos pongamos en situación) que acude traído por familiares por disnea desde hace unos 6 días. Antecedentes personales de interés a esta historia: HTA, DLP, y recambio de cadera derecha hace 1 año lo que limita la deambulación a vida cama-sillón. Con historia de estancia en camas hace solo 2 días por dolor torácico, siendo dado alta al ser descartado origen cardiaco. Pregunto por estado cognitivo, a lo que me responde una hija, cedida la palabra previamente por el hermano, que él ¨ya no tiene la cabeza como la tenía¨, y tras mi insistencia para mayor claridad, refiere que se le olvidan las cosas y las personas, pero que nadie le ha visto por eso. Así quedó mi historia clínica (resumen de solo lo positivo) acerca del paciente tras el interrogatorio y el examen físico:
Varón de 78 años que consulta por disnea. Ap: HTA, DLP, Prótesis cadera. Vida cama-sillón. Deterioro cognitivo no filiado. Ef: Obnubilado. Disneico. SatO2:89% a la llegada, tras ser nebulizado en recepción: 93%. Auscultación: hipoventilación, roncus y crepitantes en todos los campos pulmonares, NRL: leve miosis.
Sospechando otra compañera y yo un edema de pulmón ante la clínica y el antecedente de dolor torácico de hace unos días, iniciamos tratamiento, y llamamos para acelerar el proceso de realización de la radiografía. Cuál fue nuestra sorpresa, cuando la radiografía mostró unos campos pulmonares ¨sin datos de edema ni de infiltrado¨ Tuve que volver sobre mis pasos. A esto el paciente había mejorado de la disnea (satO2: 97%), los ruidos pulmonares se habían atenuado, pero su temperatura se había elevado a un discreto 37,7º. Ante resto de estudios normales (ECG, Dimero D, etc..) decidí ser más sencilla con la hipótesis: insuficiencia respiratoria de probable origen infeccioso. Riñéndome mentalmente por no dar cabida a una causa sencilla, previamente, llame a los familiares, les explique mi hipótesis, y busque darle el alta.
El hijo respondió airado: -No me lo voy a llevar, así me pasó hace 2 días, y mira como se puso mi padre, que no podía respirar. -¡Pero si solo es un catarro! Dije yo. -Mi padre cuando se ingresa aquí en este hospital, siempre sale muy repuesto de todos sus achaques, me respondió,- quiero que lo dejen, recalcó. Estuvimos durante un buen rato discutiendo, hasta que un nieto del paciente señaló algo que no me habían dicho sus demás parientes en todas las horas de mi contacto con el paciente; -Doctora disculpe, pero es que mi abuelo no es así, esta como atontolinado desde hace unos días. -Pero su tía me dijo que él tiene ya su cabeza mal desde hace tiempo. -¡Que vá! Si él juega ajedrez conmigo. –A ver, aclaradme, ya comenzando a alarmarme, ¿no lo traen por que no podía respirar bien? –Si, también. -¿Cómo que también? eso es lo que han dicho en recepción y a mí. –Sí, pero apenas nos responde cuando le llamamos, como si no estuviera en este mundo; y procediendo a demostrármelo.
No quise gastar más mi energía recordándoles lo que les pregunte y lo que me respondieron. Temía que me estuviera enfrentando a un evento neurológico, mientras perdía el tiempo con un sencillo catarro, tal vez mi paciente había tenido una FA embolígena, este había hecho un ICTUS… ya no me quedaban teorías, estaba agotada física y emocionalmente. Termine de repetir un examen neurológico más exhaustivo, con el mismo resultado de solo una discreta miosis, sin otra focalidad. Miré a mi paciente con, sin poderlo evitar, un poco de resentimiento. –Mírese don Pepe, yo aquí agobiada, y usted ahí, roncando muy plácidamente… que? Roncando? Me apresuré a revisar su tratamiento crónico: Diacepam 5 mg en la noche. –Eh, compañera, llame a una enfermera, ¿Podrías administrarle media ampolla de flumazenilo a este paciente? Espere respuesta y tiempo requerido, administrándole el resto de la ampolla, y lo llamé: -¡Don Pepe! – Eh, que pasa? me respondió. -¿Cómo esta?, le pregunté. –¿Yo? no muy bien. -¿Por qué? –Mira donde estoy, en este hospital, yo que siempre he sido un hombre muy sano. Respondió melancólico, pero lucido y espabilado. Llame a parte de sus parientes, le pregunte a don Pepe por ellos, a los que reconoció enseguida, completando así mi minimental. Al diagnostico de IRA le agregue: intoxicación por benzodiacepinas. Lo dejé en observación para que otro compañero le diera el alta más tarde, mi espada no tenia mas filo para esa batalla.
Es curioso como una simple información puede ser decisiva para un diagnostico y tratamiento correctos. Tiempo, recursos, inclusive, la propia salud del paciente puede verse afectada al realizarse pruebas invasivas en un paciente que no las precisa, siguiendo un dato errado. Las pruebas de apoyo nunca podrán aportar lo que nos ofrece la información del Qué, Donde, Cuando y Porqué. Pero esto es un arma de doble filo, porque si esa información está viciada lo estará nuestro diagnostico, y por ende nuestro proceder. ¿Debí haber hecho otra pregunta?, ¿Como sospechar que la información no es fidedigna?.
La grumetina.

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