“De nuevo os presento una reflexión de la incombustible residente de 2º año (Arleen, a la que ya conocéis por anteriores entradas) con la que tengo el placer de viajar en estos años de formación mutua. En esta ocasión plantea un dilema que, aunque se nos da en contadas ocasiones, nos produce enormes conflictos éticos”.
Vértigo acompañado de vómitos persistentes que no habían cedido con metoclopramida intravenosa, eran los síntomas por los que fue derivado del SUAP (Servicio de Urgencias de Atención Primaria) al Hospital donde realizo mis guardias. Corrían los primeros meses de mi primer año de residente.
Nada más hacerme cargo del paciente, revisé la cara posterior de su carpeta y comprobé que también se le había administrado ondasentron. Me dirigí al box donde se encontraba y, luego de saludarle, le pregunté que cómo estaba:
-Sigue mal. -me respondió una dama que supuse, llevando razón, que era su madre.
-Los vómitos han disminuido en frecuencia -me contesta el segundo acompañante- pero aún continúan... y también el mareo.
Me fijé en el paciente, hecho un ovillo en la camilla, aferrado a la bolsa de plástico que usaba como contenedor; podía identificar cada oleada de nauseas por las contracciones que realizaba con su cuerpo, pero había algo más. Por mano divina me vino a la mente una clase de propedéutica en la que mi profesor disertaba sobre la diferencia práctica entre el aspecto de una enfermedad crónica y una aguda ¨En la enfermedad aguda el paciente parece que lleva una carga de 100 kilos desde hace unas horas, en la crónica parece que lleva cargando 10 kilos… desde hace un mes¨.
Le noté algo crónico. Tal vez estaba equivocada pero, después de interrogarle y él negarme cualquier patología en dos ocasiones, decidí investigar en su historia clínica del hospital a través del programa informático. No tenía muchas esperanzas de encontrar algo ya que el paciente apenas tenía 30 años pero, aun así, lo hice. Me encontré con varias visitas a la unidad de enfermedades infecciosas con el diagnóstico de VIH+.
Los síntomas iban evolucionando, pasamos de un cuadro de origen periférico a otro de origen central. El paciente, con la manía de dejar las cosas ocultas, no nos había informado de la nueva tendencia de su cerebro a ver dos imágenes en vez de una, detalle del que nos enteramos por la segunda persona que lo acompañaba.
–¡Ah!, pues ahora la cosa cambia -exclamó la adjunta que me supervisaba- Hay que ingresarlo, pídele un TAC craneal, es probable que sea una encefalitis.
Cuando le comenté que el paciente sufría una infección por VIH, me encargó investigar si él conocía su enfermedad. Saqué con excusas a los acompañantes y, una vez a solas, me respondió afirmativamente:
-Si lo sé, pero por favor no se lo diga a ellos.
Regresé para informar a mi adjunta y me volvió a encargar que le preguntase sobre si la segunda persona que le acompañaba era su pareja y, si lo era, que le aconsejara el poner en conocimiento de ésta la situación de su infección.
Volví a sacar con excusas a los dos acompañantes y, al confirmarme la sospecha, iniciamos la batalla:
-¿Sabes el peligro al que le estás exponiendo?
- Yo me cuido, para evitar contagiarlo.
- Pero lo correcto es que se lo digas, tarde o temprano él se enterará. Lo que está ocurriendo ahora probablemente sea porque tu organismo ya no puede mantener a raya las infecciones y estas se aprovechan. Con qué cara vas a verlo cuando se entere, ¿cómo crees que va a reaccionar? Además, ¿y si te falla la protección?
- No lo sé,- me respondió encogiéndose de hombros- pero no se lo pienso decir.
Desconozco las razones que pudiera tener el paciente. No sé si fue por cobardía, inconsciencia o maldad de su parte pero sentí una tristeza y una impotencia enormes. Días más tarde, me encontré a su pareja en una de las escaleras internas del hospital, me daba las gracias por el interés que tomé en el paciente y me pedía un favor:
- Doctora, ¿cree que puede pasarse por la sala donde él está para informarse y darnos más detalles?, es que el médico que lo ve, no se explica bien, habla de que pudo deberse a la falta de unas vitaminas pero que él no lo asegura y que siguen investigando.- El paciente continuaba ocultándose.
– Es que ahora estoy en una rotación muy exigente fuera del hospital y me es imposible.- No quería mentirle pero sabía que yo no podía hacer más e hice lo que el paciente… me oculté.
Los derechos de una persona no deben comenzar cuando acaban los de otra, creo que nuestros derechos se deben terminar cuando comienzan los ajenos. No queremos que se sepa lo de nuestra enfermedad… vale, pero no deberíamos jugar con la vida de otro ser humano, solo para mantener nuestro disfrute. La vida es un derecho inalienable, pero no solo la mía o la de este o la del otro, sino las de todos.
La grumetina.
Ocultos.
La formación médica y el Pensamiento Crítico
Pero una vez recogida esta excelente declaración de intenciones, vamos a lo práctico. ¿Quién enseña Pensamiento Crítico? El sistema educativo… no, prima el adocenamiento, la repetición literal de las “enseñanzas” del profesor y el abuso de posición de poder. En las Facultades de Medicina… menos: “yo soy el que más sabe y, si lo que te digo es incoherente, es tu problema. Cuando se te pregunte, responde como yo quiero”. En el examen MIR… tampoco: “Harrison dixit”. En la residencia… pues según el tutor. Así que, generalmente, el pensamiento crítico aparece en los profesionales que reflexionan y son capaces de criticar sus propias acciones, enfrentándose a esa aplastante realidad que te ofrece, día a día, tu profesión y los pacientes y que colisiona, de manera espectacular, con las informaciones de aquellos “pringadillos” que defienden, sin evidencia científica, algunos consensos, protocolos o la pastelera masa de despropósitos, con clara intencionalidad económica, que contamina el mercado de la salud, cuyos responsables sólo te ven como "productor de consumos" para su provecho.La diferencia entre un oficio y una profesión es que quien ejerce un oficio está centrado en el dominio de los saberes técnicos que tiene que utilizar en la práctica (racionalidad técnica). El profesional, además de los saberes técnicos, tiene que construir una autonomía y un criterio profesional, que es algo más que tener conocimientos de medicina o enfermería.
Mediterranean diet in La Flota High School .
Como comentaba Pepe en una de sus entradas, hace unos días, hacemos lo que podemos en eso de la Atención Comunitaria, y esta vez me ha tocado a mí colaborar con el IES La Flota en el proyecto de educación para la salud que este centro viene desarrollando. La actividad se centró en un grupo de 39 alumnos ingleses procedentes del Dr Challoner’s Grammar School, una escuela pública para chicos, establecida en 1624 en Amersham, Buckinghamshire, Inglaterra, con el que el IES La Flota mantiene un intercambio a nivel institucional. Es por ello esta frikada (esto va por ti Yanira) de titulo en ingles y presentación en el lenguaje de Shakespeare. Estuvimos hablando de dieta mediterránea, no sólo como un modelo alimenticio si no como un estilo de vida, algo que comprende no solamente la alimentación, ya que es un elemento cultural que propicia la interacción social, habida cuenta de que las comidas en común son una piedra angular de las costumbres sociales y de la celebración de acontecimientos festivos. La experiencia me resultó interesante y altamente gratificante y como les prometí a los chicos y a sus profesores (Miss Ashton, Mrs Keen ,Mrs Massey y Mr Walter) aquí les dejo la presentación para su uso al haber sido nombrados, por mi parte, embajadores en su colegio de este Patrimonio Intangible de la Humanidad. (La pregunta del día fué: Mucho hablar de verduras, frutas y hortalizas, pero ¿Por qué en todas las casas de Murcia donde nos acogen hay una pata de cerdo en la cocina?)
¿Con el INSALUD vivíamos mejor? (IV). La situación de salud
Estilos de vida
El porcentaje de obesos (IMC >30) en la Región es 3.91% mayor que la media de España, sobre todo en mujeres (20.13% y 15, 68% respectivamente)
Conclusión
De marejadilla a marejada.
marejada.
1. f. Movimiento tumultuoso de grandes olas, aunque no haya borrasca.
2. f. Exaltación de los ánimos y señal de disgusto, murmuración o censura, manifestada sordamente por varias personas, que suele preceder al verdadero alboroto.
En toda organización no siempre se piensa y/o se actúa de igual manera aunque el objetivo sea común. Nos diferencian nuestras ideas políticas, sociales, sindicales, culturales, religiosas… y también nos diferencian la forma de expresar esas ideas, a veces, la visceralidad juega malas pasadas.
Una de las causas que propicia el “malestar general en la organización” es tener que “hacer” sin participar en la planificación previa. Aunque a veces también ocurre lo contrario, hay individuos a los que no les gusta o no quieren participar, por lo que consideran que no están obligados en eso del “hacer”. Esta forma de actuar conlleva a que las relaciones entre los miembros de la organización sea “asimétrica”, donde un supuesto “sistema” parece imponer su voluntad, esta especie de coacción es vivida de igual manera por las dos partes generando un sentimiento de dependencia. Esto a su vez crea una vivencia negativa de la organización como sistema democrático.
Las deficiencias o los problemas se tratan de ocultar de la manera más rápida posible, se transmite que aquí todo es de color de rosa y todos sabemos que las cosas no son así, ¿tan difícil es aceptar, de forma natural, las cosas que hacemos mal?
La visión gerencial del gasto farmacéutico
Hoy tenemos un claro ejemplo de cómo resuelve la administración el dilema: fármacos más baratos.
A estas alturas, no tengo nada claro que la defensa de la libertad de prescripción sea sólo una necesidad profesional; a veces tengo la sensación de que es algo a lo que también juega la industria farmacéutica con una finalidad puramente lucrativa y sobre la que estructura toda su estrategia comercial
La Atención Comunitaria en nuestro Centro de Salud
Primeros efectos en el gasto farmacéutico gallego
Sería muy interesante que todos votáramos
¿Con el INSALUD vivíamos mejor? (III). El gasto farmacéutico
¿Con el INSALUD vivíamos mejor? (II). El gasto sanitario
REFLEXIONES DE UNA ERRE TRES
"Cuando uno llega el primer día de su residencia al centro de salud, tras los primeros cinco minutos en la consulta ya se está preguntando para qué le ha servido la carrera; tras diez minutos, empieza a arrepentirse de las horas que pasó en la cafetería y del día que se saltó la clase de antibióticos… pero queda esperanza… cuando ves a tus “R mayores” te das cuenta de lo mucho que controlan, y, como te niegas a aceptar que seas más tonto o más vago que ellos, piensas “aaaahhh claaaro, todo se aprende a lo largo de la residencia”… Bueno, pues hoy me he levantado y, tras el impacto de darme cuenta de que, de repente, había crecido, me he plantado en la consulta de mi tutor y he retomado mi posición tras dos años y medio en el hospital. Ni que decir tiene que, para nada, me siento yo tan sabia como lo eran mis residentes mayores… “pero debe ser una sensación –me he dicho- seguro que es cierto eso de que sabes más de lo que crees”… mis peores sospechas se han confirmado cuando he contestado unas 5 veces “ni p…. idea”, en 10 minutos… y no, no estoy bromeando.
Otro punto clave de la mañana ha sido cuando he verbalizado mi ansiedad de la siguiente manera, “¿por qué no me gustará a mí una especialidad?, con lo sencillo que sería”… menos mal que en esto me ha dado la razón mi tutor… “probablemente familia sea de las más complicadas, porque de todo hay que saber, aunque sea un poquito-me ha dicho- y ese poquito deberías haberlo aprendido en este tiempo”… ¡que guay! ¡Empezamos bien el último año!
Y la verdad es que tengo que reconocer que aún no sé por dónde coger la especialidad… que me sigue costando muchísimo centrarme en los diferentes temas… no es lo mismo coger un libro de endocrino por una punta y terminarlo por la otra, que tener al final del día una duda de trauma, una de neumo, otra de neuro, de la derma ni hablemos y encima tu tutor te pregunta los tipos de tumores tiroideos que hay… “joder, es evidente… los buenos y los malos”… y será porque todos los exámenes de la carrera eran tipo test, pero oye, en cuanto él los nombró los sabía, y hasta me sonaba que el que tenía la paciente no era “el chungo del tó”, vamos, que hubiera tenido bien esa pregunta en el MIR J
Evidentemente, a raíz de esta reflexión se podrían comenzar muchos debates sobre la formación, o deformación, de un médico, pero para terminar poniendo un toque de esperanza para todos los que se sientan como yo, voy a transcribir las palabras de Chogyam Trungpa, un maestro tibetano al que una vez le preguntaron cómo había logrado escapar de la invasión china arrastrándose por las nieves del Himalaya, con escasa preparación y provisiones, sin certeza sobre la ruta ni sobre el resultado de la huída. Su respuesta fue breve: “Puse un pie detrás del otro”...
Supongo que aunque llevemos 10 años en esto de la medicina, aún nos quedan muchos pasos por dar."
Yanira

















