Pascuala González es una médico de familia que, tras nueve años de formar parte de nuestro equipo, se le ha acabado la interinidad. Buena compañera, su partida es una pérdida importante para nosotros.
Lo curioso es que, después de los años trabajados, se encuentra actualmente en disposición de sustituta; es decir, hoy aquí, mañana allá. Con lo que cuesta llegar a ser bueno en nuestra profesión, con los años que tienen que pasar para comprender lo verdaderamente importante de nuestro trabajo, me parece que Pascuala es hoy un recurso valioso que el sistema sanitario no lo sabe aprovechar.
Le he pedido que nos cuente su situación actual y lo que le pasa ahora por su cabeza. Y aquí lo tenéis. Tal cual ella me lo ha enviado.
Lo mío era vocacional.
Pues sí lo mío era vocacional. Desde muy pequeña tuve claro que quería ser de mayor. Iba a ser la primera universitaria de una familia humilde y tuve que asegurarme las becas sacando buenas notas. En el bachillerato y en la selectividad había que ir a por todas para conseguir nota suficiente para entrar en medicina.
Una vez dentro, 6 años de no menos esfuerzo, tanto académico como económico, algún que otro problema de salud y alguna que otra juerguecita, las justas…
Por fin en 1993 acabé la carrera y tras el primer intento fallido de aprobar el MIR, tuve que ponerme a trabajar, no podía seguir exprimiendo la economía familiar. Consultas, guardias, más guardias, más fines de semana, vacaciones de navidad, Semana Santa, verano… Cuando mis amigos descansaban, yo a trabajar y a estudiar el MIR.
Creo que siempre recordaré el momento en que aquella señora me dijo por teléfono mi puesto en el MIR y el abrazo que llorando le di a mi madre. Por fin lo había conseguido, en 1997 inicié la formación MIR en Santomera, y creí, que todo iba a ir rodado en mi carrera profesional.
Guardias en el hospital, consultas en el centro de salud, cursos, jornadas, más guardias, cambio de hospital porque se nos caía encima, llegada a otro hospital donde nos miraban un poco como intrusos…, un par de sustos en la carretera, porque entonces no se libraban las guardias y con sueño o sin él había que acudir al trabajo al día siguiente.
Eso sí, en algo tuve mucha suerte, me asignaron un tutor de una calidad humana y profesional tal que hizo que yo, que siempre quise hacer cirugía, me enamorara de esta especialidad de tal forma que ya no concibo la medicina sin mirarle la cara al paciente, sin atenderle como algo más que un conjunto de aparatos, sin escucharle, sin alegrarme o entristecerme con él… Aprovecho para darte las gracias Miguel Angel.
En mayo del 2000, acabada la residencia, inicié inmediatamente el periplo por la geografía murciana: consultas, refuerzos, bajas y por fin en Diciembre del 2001 me dan mi primera interinidad. Esto ya no podía ir para atrás.
Durante casi nueve años he estado en el mismo puesto de trabajo. Me conocía a casi todos mis pacientes, con algunos he vivido el nacimiento de varios hijos, sus problemas de pareja, en el trabajo, la muerte de algún ser querido… Muchos acudían a su médico de familia, en este caso yo, para hacerle partícipe de ese episodio de su vida tan importante para ellos. Eso unas veces era bueno y otras suponía una carga psicológica para mí que no podía, aunque quisiera, dejar tras la puerta de la consulta. Pero tenía que aguantar el tipo, es lo que esperaban de mí.
El 19 de Noviembre se publican en el BORM, por fin, los traslados de los Médicos de Familia, después de sus idas y venidas de los juzgados. Tras varios días esperando una llamada de Recursos Humanos para reubicarnos, otros compañeros, incluso con muchos más puntos que yo, nos hemos quedado sin plaza estable que cubrir.
No me lo podía creer, después de 13 años de antigüedad en la empresa volvía a esperar una llamada tras otra para sustituir hoy aquí y mañana allí. Los motivos todos los sabemos.
Muchos sentimientos se me agolparon pugnando entre sí para ver cual ganaba la batalla: rabia, desencanto, tristeza, impotencia, desesperación, ansiedad, incredulidad, y yo qué sé cuantos más…
Después de pasar varios días con la moral por los suelos, y de que los buenos amigos se acuerden de ti, decidí sobreponerme. Ahora he vuelto a trabajar, aunque sin la estabilidad que tenía, pero al fin y al cabo a hacer lo que me gusta: soy Médico de Familia, a pesar de que algunos se empeñen en contaminar esta especialidad de otras cosas.
Me quedo con el cariño que me han manifestado mis compañeros, el reconocimiento y el cariño de muchos de mis pacientes al despedirse mí, y con las ganas de desempeñar mi profesión donde sea y con quien sea. Ya vendrán tiempos mejores, porque tienen que venir…
GRACIAS POR TODO COMPAÑEROS DE LA FLOTA , OS ECHARÉ DE MENOS. GRACIAS.






0 comments:
Post a Comment