En estos cálidos días de julio, tanto en lo meteorológico como en lo laboral, con una huelga de residentes convocada, movilizaciones sociales contra los recortes en los servicios públicos, ... todavía a mi resi Arleen le queda energía para contarnos una nueva reflexión sobre la figura de los cuidadores.
Cuidador descuidado.
Mientras escuchaba a la hija darme el informe de la escasa mejoría que, según su madre, estaba obteniendo tras la artroscopia; mi mirada se fijo en la extraña expresión del padre que estaba a su lado. La mueca que exhibía su cara, bien podía atribuirse al hastío de tener que cuidar a una paciente tan demandante de atención sanitaria y familiar, como era la señora en cuestión. Pero lo que más me llamaba la atención era que su mueca se perpetuaba en el tiempo, no obstante haber cambiado su hija del tema de las quejas de su madre, al de la necesidad de medicación para ambos padres. -Disculpe la interrupción, ¿su padre siempre ha tenido la boca así, torcida? Le pregunte a la hija.
-Anda, pues no me había fijado, pero no recuerdo haberlo visto nunca así.
-Don José**, ¿se ha dado cuenta que tiene la boca torcida? ¿Desde cuándo la tiene de esa manera? - Desde hace un par de semanas, me contesto de forma poco clara.
- ¿El habla de esa manera siempre? Me volví a interrogar a la hija, la cual no salía de su asombro, y observaba de una manera intensa a su padre, como queriendo compensar lo poco que se había reparado en el en estas últimas semanas.
– No lo había notado, Doctora, lo que ocurre es que estamos tan pendientes todos de mi madre, inclusive él, que no nos habíamos dado cuenta, además, es que siempre ha sido tan callado, que ignorábamos que no pudiera hablar bien.
Lo consulte con la persona encargada de la rotación. Un cuadro neurológico establecido desde hace un par de semanas, derivamos para valorar ingreso para estudio, o tratar de forma ambulatoria. Solicitamos todo lo que consideramos oportuno, luego de informarle a los pacientes y a sus familiares del diagnostico de probable ICTUS con secuelas y los pasos a dar en su situación.
La figura del cuidador es clave en cualquier patología que limite la realización de las actividades básicas de la vida diaria de nuestros pacientes. No solo ayuda al que cuida, sino que también es una herramienta valiosísima para cualquier personal sanitario en la consecución de los objetivos de prevenir, curar o paliar las dolencias de nuestros enfermos. En muchas ocasiones alcanzar estos objetivos de forma exitosa depende de que un cuidador entienda bien las instrucciones dadas. Por ello hay que tener en cuenta las incidencias alrededor de esta figura. En mi corta experiencia he visto fallecer cuidadores antes que las personas que están a su cargo, así como caer en profundos estados ansioso-depresivos por no poder sobrellevar la carga y la presión de ver cómo cambia la vida y como llega la muerte de un ser que hasta hace poco era un ser independiente y con quien se había hecho planes a futuro. El cuidador sin estar pagado pasa a formar parte, sin quererlo, del sistema sanitario, con los efectos del burn-out, sin la recompensa de ganar un sueldo a fin de mes, y sí con el peligro de perder a alguien querido. Así que al salir de un domicilio, antes de irnos, volvamos el rostro y echémosle un vistazo al cuidador, esa es otra forma de prevenir. Dios bendiga, La Grumetina.
**Nombre ficticio.
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5:13 AM |
Mi residente se ha empeñado en no dejar morir este blog, y en seguir compartiendo sus experiencias formativas.
Disección.
Son las 14 y tantas de la tarde. Ya hemos acabado la consulta del día, y tras asegurarnos que no haya nada pendiente, mi tutor y yo procedemos siempre a la segunda parte de nuestro trabajo en conjunto: la valoración de mi desempeño en la parte de consulta que me correspondió pasar sola ( siempre con el teléfono cerca para consultas de dudas, y llamadas de auxilio. A mi favor puedo decir que cada día son menos, jejjj). Vemos la lista del día e iniciamos, paciente por paciente vamos comentándolos, hasta que llegamos a uno que al mencionarlo, inevitablemente, realice un gesto de disgusto:
- Con el tuve una pequeña discusión.
- ¿Que ocurrió? Indaga mi tutor. - Pues desde que llegó me preguntó por usted, y al informarle que yo sería su médico en el día de hoy, me habló de forma atropellada, yo traté de atenderlo de la manera más amable posible, pero no se dio por aludido, eso no me importó, pero me ha dicho que quería una receta de antibióticos, que el compró en la farmacia por una odontalgia para poder pagarla.
- ¿Y tu que hiciste ? Pregunto mi tutor. - Le respondí que si no me traía una indicación del odontólogo, o yo no le había revisado la boca y constatado una infección, no debía prescribirle un antibiótico, ya que no era ético. El paciente me amenazó con ponerme una reclamación, y notificárselo a usted, y yo le respondí que adelante, ya que usted era quien me había fomentado la idea de una prescripción ética y racional. Concluí, reproduciendo levemente los signos adrenérgicos de taquicardia, taquipnea, etc.. que me había producido anteriormente el enfrentamiento.
Al terminar mi diatriba miré a mi tutor, me di cuenta que trataba de buscar las palabras adecuadas para responderme, lo cual no me gustó. Siempre que esta de acuerdo con mis decisiones responde de una manera rápida y entusiasta, este preámbulo reflexivo, sospechaba, no era para darme la razón.
- Estoy de acuerdo contigo en que lo correcto es que al dar una receta, ésta esté respaldada por una prescripción de un profesional, pero hay veces que nos sentimos avasallados por actitudes de algún paciente, y al llegar a algún punto en que sentimos que tenemos la sarten por el mango, el poder de decidir, dejamos sentir el peso de ese poder. Puede ser que hayas querido actuar éticamente, ¿Pero también pudo haber participado tu deseo de querer dejar establecida tu autoridad, ante alguien que te desafío desde el primer momento en que llegó?
Me sentí como una cebolla a la que le retiran sus capas hasta dejarla expuesta. En un segundo, y con unas pocas palabras, el ojo clínico de mi tutor disecciono mis intenciones, asomándose por la herida la fea cara de mi ego.
Ya soy residente de 4to año. Me siento mas segura en innumerables situaciones clínicas y del trato medico/paciente, e inclusive en esa situación especial de convencer a un paciente de que: Yo estoy capacitada para atenderlo, aunque el quiera que lo vea Don fulan@, porque: " el me conoce a mi y a mi historial"Al menos eso pensaba.
Me doy cuenta que debo seguir creciendo, y parte de ello consiste en evaluar mis motivaciones al tomar una decision en una situacion estresante, y que si quiero desterrar de mi quehacer medico la fea cara de mi ego, debo ejercer el poder, es cierto, pero no sobre mis pacientes, sino sobre mi misma y mi acciones. Dios bendiga, La grumetina.
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