- Lo tengo claro, ya estoy harta, yo quiero ser abuela pero, al paso que voy, me voy a morir antes. Ya conoces la mala suerte de mi hija, pero es que no quiere ni oír hablar de compromisos serios y mucho menos de embarazo. Al paso que va, llega a los 40 y sin darme nietos y ¡SE ME ESTÁ PASANDO EL ARROZ!
- Buenoooo…, pero si desde que te jubilaste no paras en tu casa, si viajas más que el Papa…
- Ya, pero quiero ser abuela, cuidar de mi nieto, pasearlo en carricoche, darle de merendar. Quedar con mis amigas y compartir las quejas del cuidado de los nietos.
- Pero, ¿estás segura?, mira que me encuentro a muchos abuelos quejándose del trabajo que les dan…
- Mira, no hay cosa peor que la soledad, que sentirse inútil, levantarse sin tener nada que hacer, terminar el día pensando sólo en lo que me duelen las rodillas. Así que, lo tengo decidido, me ofrezco como abuela de alquiler para pasear nietos y, por supuesto, gratis.
Este es un extracto de una conversación que tuve con una paciente en la consulta y, si somos capaces de ver por encima de la frivolidad que nos aparenta, podemos entender algunas de las claves que están asomando en una sociedad cambiante, en donde la jubilación ya no es la antesala de la muerte como aseguraba Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray allá por el siglo XIX
Es curioso, esta semana hemos tenido unas confidencias muy interesantes de personas mayores que se encuentran potencialmente activas y que reivindican un espacio propio, cargado de simbolismo, que quieren sacudirse el sambenito de la vejez como ejemplo de dolor, tristeza y sumisión ante la muerte. Será que estamos ganando vida a los años.
Al escribir esta entrada me ha venido a la memoria cierta película muy recomendable de un señor que lucha contra la soledad pero utilizando un procedimiento mucho más expeditivo. ¡Quién no recuerda "Familia" de Fernando León de Aranoa
Se ofrece abuela de alquiler.
¿DE QUIEN ES LA ARTROSIS EN LA MUJER?
Recuerdo mis años de estudiante, esos en los en los que las “dolencias” se repartían a asignaturas que había que superar. También recuerdo mis primeros años de ejercicio profesional, aquellos en los que observaba que esas mismas “dolencias” se repartían a especialidades. Hoy, tras muchos años de dedicación, observo como entran en el escenario nuevos protagonistas que ponen el mundo al revés.
Me pregunto. ¿Cómo es posible? ¿Quienes pueden ser? No me sorprendo al comprobar que los Ginecólogos, una vez más, están detrás.
Hace unos años la Osteoporosis fue su objetivo. Ofrecía un reclamo para sus consultas privadas, y un mercado, el de los bifosfonatos con ánimo de emerger y algo más.
Hoy (por no decir más concretamente la semana pasada) resulta ser la Artrosis la que colocan en el centro de la diana, y se reúnen para abordar “El manejo de la artrosis en la mujer”. Claro está, ofrece igualmente un reclamo para la sanidad privada (sus consultas) y un mercado como el de los condroprotectores, ¡¡Qué casualidad!!
Y yo me pregunto ¿de quien es la artrosis? ¿del traumatólogo?, ¿del reumatólogo? o ¿ahora del ginecólogo?. ¿Qué ocurriría si realizáramos una interconsulta a Ginecología sobre una mujer con artrosis?
Y yo me respondo: La artrosis es del paciente que la sufre. El papel del buen médico hipocrático sería, hoy en el siglo XXI, el de no solo aliviar el malestar de sus pacientes sin hacer daño, sino lo más importante, saber dar un consejo que les proteja de la mala praxis y de la presión de los mercados.
Mal de Amores.
Viernes, hoy me toca pasar la consulta. Echo un vistazo a la lista como cada mañana, algunos (bastantes) nombres ya me son conocidos, a otros no les ubico y algunos ni me suenan. A media mañana, y no se cómo, sin nada de retraso, entra a la consulta María (por ejemplo…), setenta y tantos años, no la conozco y pone cara de decepción, mal empezamos.
- ¿Tú no eres mi médico, verdad?
- No, doña María, soy Alberto, residente de D. José y según el día que venga estaremos los dos, o él o yo (cuántas veces habré dicho esto en los últimos meses…)
- Pues no se si podrás ayudarme,…
- A ver que podemos hacer…
- Mira hijo, soy nueva en el cupo de don José, antes estaba en este mismo centro pero decidí cambiarme de médico. Lo que ocurre es que llevo mucho tiempo cansada, muy cansada, y no se por qué… (todo esto acompañado de suspiros frecuentes y la mirada un poco perdida) pero en las últimas semanas estoy peor.
Veo que su última visita fue por este mismo motivo hace 8 meses, exploración física normal, analítica, electro y radiografía de tórax sin alteraciones. Y ahora, ¿qué hago yo? Repito exploración sin encontrar nada relevante, a excepción de una palidez cutánea evidente.
- Bueno María, todo está bien, pero voy a repetirle la analítica a ver cómo está su sangre.
- Vale hijo… porque algo tiene que haber…
- María, suspira usted mucho, ¿se encuentra bien de ánimo?
- Pues mira, te parecerá una tontería en una vieja como yo, pero te lo voy a contar…
Y ahora, 8 minutos después, me dice su verdadero “motivo de consulta”…
- Tengo mal de amores, como lo oyes…
Cuando era joven, me eché un novio en el pueblo, no era muy guapo, ni tenía dinero, pero era bueno conmigo y estaba muy enamorada. Era un amor oculto, nadie lo sabia, pero un día mis padres se enteraron y me separaron de él, nos trasladamos a un cortijo que teníamos fuera de la comunidad. Lo pasé mal, pero era joven y rehice mi vida. Él se fue al Norte y le perdí la pista. Yo me enamoré y me casé con un apuesto hombre.
Los años pasaron, tuve muchos hijos, y luego muchos nietos, fui feliz, muy feliz, pero hace cuatro años enviudé.
La sorpresa fue cuando a los meses de fallecer mi esposo recibí una llamada, era mi antiguo novio del pueblo para darme el pésame, estuvimos charlando un buen rato, me dijo que había seguido mis pasos desde que nos separamos. Él también se casó y enviudó hacía unos años. Volvimos a quedar para hablar. Después de varias llamadas nos vimos en nuestro pueblo y fue como entonces. Es tan cariñoso conmigo…, y no es que mi marido no lo fuese, pero es distinto. Él sólo piensa en llegar a casa para cubrirme de besos, ¿no te parece bonito?
Nos hemos visto muchas veces desde entonces, ha sido como vivir una segunda juventud, estábamos organizando una escapada a París, y hasta nos planteamos el matrimonio! Se lo conté a mis hijos y no pusieron ningún reparo, ellos sólo quieren que sea feliz. El problema vino cuando se enteró su hija, no quiso que se volviera a casar y le amenazó con no dejarle ver a su nieto si seguíamos adelante con esta idea.
Desde entonces nada ha ido bien, él no quiere separarse de mí, pero tampoco quiere casarse, ¿y yo qué voy a hacer? Soy católica y no concibo vivir con un hombre sin estar casados. Estoy en un callejón sin salida, seguimos hablando por teléfono, le digo que podemos seguir siendo amigos y continuar con esas largas y entretenidas conversaciones, e incluso volver a vernos, como amigos claro… Pero él quiere algo más y yo no estoy dispuesta, al menos por el momento…
Y es que, en una sociedad donde la esperanza de vida aumenta año tras año, ¿de qué me puedo sorprender? La muerte es parte implícita de la vida, y la muerte de la pareja es una gran pérdida, pero este proceso abre un nuevo camino en el horizonte del que continua, y no debemos olvidar que nuestros mayores no son en nada distintos a ti o a mí, con sus problemas sentimentales, morales, y claro está, también de salud, pero por un día, no todo va a ser artrosis…
¡HEMOS VUELTO!
¿Satisfacer la demanda ó intervenir en la demanda?

Siendo esta tu primera aparición
un par de volantes me solicitas
seria fácil poner fin a la cita
rellenando de un plumazo la derivación.
Mas, interesándome por tu problema
y tras 20 minutos de preguntas y escucha
con la exploración doy por finalizada esta lucha
que apacigüe un tanto tu pena.
Va a ser que no te he hecho el volante
va a ser que no considero la derivación
y para colmo de males me olvido el justificante.
Será que encontré otra solución
pero tú, sin bajarte del pescante
te cabreas y me pones una reclamación.
"¡Oh! Inmortal Poseidón, el del furioso tridente,
a ti me encomiendo en esta dificil empresa,
propicia que este velero llegue a
buen puerto, permíteme llevar a cabo los designios de Afrodita
nacida de las olas, ¡Oh! Caliope,
augusta entre las musas, haz
florecer el jardín! (VV)
Concurso de traslados
La verdad es que yo no entiendo nada.






