"Cuando uno llega el primer día de su residencia al centro de salud, tras los primeros cinco minutos en la consulta ya se está preguntando para qué le ha servido la carrera; tras diez minutos, empieza a arrepentirse de las horas que pasó en la cafetería y del día que se saltó la clase de antibióticos… pero queda esperanza… cuando ves a tus “R mayores” te das cuenta de lo mucho que controlan, y, como te niegas a aceptar que seas más tonto o más vago que ellos, piensas “aaaahhh claaaro, todo se aprende a lo largo de la residencia”… Bueno, pues hoy me he levantado y, tras el impacto de darme cuenta de que, de repente, había crecido, me he plantado en la consulta de mi tutor y he retomado mi posición tras dos años y medio en el hospital. Ni que decir tiene que, para nada, me siento yo tan sabia como lo eran mis residentes mayores… “pero debe ser una sensación –me he dicho- seguro que es cierto eso de que sabes más de lo que crees”… mis peores sospechas se han confirmado cuando he contestado unas 5 veces “ni p…. idea”, en 10 minutos… y no, no estoy bromeando.
Otro punto clave de la mañana ha sido cuando he verbalizado mi ansiedad de la siguiente manera, “¿por qué no me gustará a mí una especialidad?, con lo sencillo que sería”… menos mal que en esto me ha dado la razón mi tutor… “probablemente familia sea de las más complicadas, porque de todo hay que saber, aunque sea un poquito-me ha dicho- y ese poquito deberías haberlo aprendido en este tiempo”… ¡que guay! ¡Empezamos bien el último año!
Y la verdad es que tengo que reconocer que aún no sé por dónde coger la especialidad… que me sigue costando muchísimo centrarme en los diferentes temas… no es lo mismo coger un libro de endocrino por una punta y terminarlo por la otra, que tener al final del día una duda de trauma, una de neumo, otra de neuro, de la derma ni hablemos y encima tu tutor te pregunta los tipos de tumores tiroideos que hay… “joder, es evidente… los buenos y los malos”… y será porque todos los exámenes de la carrera eran tipo test, pero oye, en cuanto él los nombró los sabía, y hasta me sonaba que el que tenía la paciente no era “el chungo del tó”, vamos, que hubiera tenido bien esa pregunta en el MIR J
Evidentemente, a raíz de esta reflexión se podrían comenzar muchos debates sobre la formación, o deformación, de un médico, pero para terminar poniendo un toque de esperanza para todos los que se sientan como yo, voy a transcribir las palabras de Chogyam Trungpa, un maestro tibetano al que una vez le preguntaron cómo había logrado escapar de la invasión china arrastrándose por las nieves del Himalaya, con escasa preparación y provisiones, sin certeza sobre la ruta ni sobre el resultado de la huída. Su respuesta fue breve: “Puse un pie detrás del otro”...
Supongo que aunque llevemos 10 años en esto de la medicina, aún nos quedan muchos pasos por dar."
Yanira







0 comments:
Post a Comment