Acabo de leer desde elmédicointeractivo el borrador del Real Decreto de Troncalidad enviado por el Ministerio de Sanidad a la Comunidades Autónomas y, al parecer, salvo decisiones de última hora que afecten a Derma, Gine y Otorrinolaringología, va a ser el definitivo.
Siempre me gusta leer las introducciones de las leyes, reales decretos, etc. Expresan la motivación y suelen contener unas estupendas declaraciones de intenciones que justifican su publicación.
En este borrador hay una de esas ideas fuerza que valdría por toda la acción de un gobierno en materia de formación médica
Es la primera vez que leo, en la legislación en materia de formación médica, la defensa del PENSAMIENTO CRÍTICO. Un pensamiento crítico, para decirlo en términos sencillos, es aquel que reflexiona sobre los conocimientos aprendidos cuando ha de aplicarlos en la realidad inmediata de su profesión y cuestiona su posible beneficio y los intereses ocultos que puedan determinar su actuación profesional. Sobre esto hay una magnífica (y extensa) entrada en el blog lamomiaquehabla y, aunque aconsejo su lectura pormenorizada, no me resisto a recoger el siguiente texto
Pero una vez recogida esta excelente declaración de intenciones, vamos a lo práctico. ¿Quién enseña Pensamiento Crítico? El sistema educativo… no, prima el adocenamiento, la repetición literal de las “enseñanzas” del profesor y el abuso de posición de poder. En las Facultades de Medicina… menos: “yo soy el que más sabe y, si lo que te digo es incoherente, es tu problema. Cuando se te pregunte, responde como yo quiero”. En el examen MIR… tampoco: “Harrison dixit”. En la residencia… pues según el tutor. Así que, generalmente, el pensamiento crítico aparece en los profesionales que reflexionan y son capaces de criticar sus propias acciones, enfrentándose a esa aplastante realidad que te ofrece, día a día, tu profesión y los pacientes y que colisiona, de manera espectacular, con las informaciones de aquellos “pringadillos” que defienden, sin evidencia científica, algunos consensos, protocolos o la pastelera masa de despropósitos, con clara intencionalidad económica, que contamina el mercado de la salud, cuyos responsables sólo te ven como "productor de consumos" para su provecho.La diferencia entre un oficio y una profesión es que quien ejerce un oficio está centrado en el dominio de los saberes técnicos que tiene que utilizar en la práctica (racionalidad técnica). El profesional, además de los saberes técnicos, tiene que construir una autonomía y un criterio profesional, que es algo más que tener conocimientos de medicina o enfermería.






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