Mi residente se ha empeñado en no dejar morir este blog, y en seguir compartiendo sus experiencias formativas.
Disección.
Son las 14 y tantas de la tarde. Ya hemos acabado la consulta del día, y tras asegurarnos que no haya nada pendiente, mi tutor y yo procedemos siempre a la segunda parte de nuestro trabajo en conjunto: la valoración de mi desempeño en la parte de consulta que me correspondió pasar sola ( siempre con el teléfono cerca para consultas de dudas, y llamadas de auxilio. A mi favor puedo decir que cada día son menos, jejjj). Vemos la lista del día e iniciamos, paciente por paciente vamos comentándolos, hasta que llegamos a uno que al mencionarlo, inevitablemente, realice un gesto de disgusto:
- Con el tuve una pequeña discusión.
- ¿Que ocurrió? Indaga mi tutor. - Pues desde que llegó me preguntó por usted, y al informarle que yo sería su médico en el día de hoy, me habló de forma atropellada, yo traté de atenderlo de la manera más amable posible, pero no se dio por aludido, eso no me importó, pero me ha dicho que quería una receta de antibióticos, que el compró en la farmacia por una odontalgia para poder pagarla.
- ¿Y tu que hiciste ? Pregunto mi tutor. - Le respondí que si no me traía una indicación del odontólogo, o yo no le había revisado la boca y constatado una infección, no debía prescribirle un antibiótico, ya que no era ético. El paciente me amenazó con ponerme una reclamación, y notificárselo a usted, y yo le respondí que adelante, ya que usted era quien me había fomentado la idea de una prescripción ética y racional. Concluí, reproduciendo levemente los signos adrenérgicos de taquicardia, taquipnea, etc.. que me había producido anteriormente el enfrentamiento.
Al terminar mi diatriba miré a mi tutor, me di cuenta que trataba de buscar las palabras adecuadas para responderme, lo cual no me gustó. Siempre que esta de acuerdo con mis decisiones responde de una manera rápida y entusiasta, este preámbulo reflexivo, sospechaba, no era para darme la razón.
- Estoy de acuerdo contigo en que lo correcto es que al dar una receta, ésta esté respaldada por una prescripción de un profesional, pero hay veces que nos sentimos avasallados por actitudes de algún paciente, y al llegar a algún punto en que sentimos que tenemos la sarten por el mango, el poder de decidir, dejamos sentir el peso de ese poder. Puede ser que hayas querido actuar éticamente, ¿Pero también pudo haber participado tu deseo de querer dejar establecida tu autoridad, ante alguien que te desafío desde el primer momento en que llegó?
Me sentí como una cebolla a la que le retiran sus capas hasta dejarla expuesta. En un segundo, y con unas pocas palabras, el ojo clínico de mi tutor disecciono mis intenciones, asomándose por la herida la fea cara de mi ego.
Ya soy residente de 4to año. Me siento mas segura en innumerables situaciones clínicas y del trato medico/paciente, e inclusive en esa situación especial de convencer a un paciente de que: Yo estoy capacitada para atenderlo, aunque el quiera que lo vea Don fulan@, porque: " el me conoce a mi y a mi historial"Al menos eso pensaba.
Me doy cuenta que debo seguir creciendo, y parte de ello consiste en evaluar mis motivaciones al tomar una decision en una situacion estresante, y que si quiero desterrar de mi quehacer medico la fea cara de mi ego, debo ejercer el poder, es cierto, pero no sobre mis pacientes, sino sobre mi misma y mi acciones. Dios bendiga, La grumetina.





