Hoy ha consultado una mujer que nunca había venido antes a la consulta. Es una mujer de 40 años, de profesión liberal que "no tiene tiempo para ir al médico". Su comportamiento ha sido amable y educado, lo que ha permitido una buena comunicación entre ambos.
Ante una cervicalgia aguda no traumática, decidió acudir a un traumatólogo privado. Como es costumbre, sin indagar mucho en la anamnesis, le solicitó una RMN cervical encontrándole una rectificación de la curvatura fisiológica y una discopatía C5-C6. Ella no quería miorrelajantes (la dejan derrotada y tiene que seguir con su actividad laboral), le pautó Condrosan y Osteobión y la mandó a fisioterapia. La usuaria venía a que le "pasara las recetas".
Cuando se me presentan casos así, no respondo con agresividad o malhumor, todo lo contrario, pienso en las circunstancias que le han llevado a optar por la privada y valoro sus creencias sobre la situación.
- Ella no menosprecia mi persona ni mi profesionalidad.
- Acude a la privada porque es mucho más rápida a la hora de realizar pruebas complementarias.
- Cree que, ya que se ha gastado el dinero, la sanidad pública ahorra con ella, de manera que, al menos, está en el derecho de que sufrague el gasto de las recetas.
En la exploración observo una limitación al giro lateral y flexoextensión del cuello, importante contractura paracervical y de ambos trapecios. No afectación neurológica en miembros superiores. TA normal
Lo primero que le he dicho es que ha tenido suerte porque la RMN sólo le ha encontrado lo de la discopatía. Y le he explicado lo de la "suerte". Cuando se realizan pruebas sin base clínica podemos hallar alteraciones que no explican los síntomas pero pueden interpretarse como patológicas y producir innecesarias intervenciones médicas de riesgo y catalogar de enferma a una persona que no lo es; porque ¿cuántas mujeres de 40 años tienen una discopatía cervical asintomática? ¿puede ser un hallazgo habitual no patológico?
Así que, una vez que la he tranquilizado (su motivo de consulta no expresado era la discopatía) hemos hablado en un tono normal en una relación médico-paciente. He reconducido la consulta hacia su problema de salud.
El paso siguiente ha sido desmontar el tratamiento del traumatólogo. ¿En algún momento te ha dicho que tienes artrosis? ¿te ha hecho alguna densitometría para valorar una osteoporosis? Con estas preguntas se ha quedado extrañada. Le he explicado las razones de ambas ya que las recetas que me pedía, si servían para algo, serían para esos procesos. Le he informado de lo que es el Condroitín Sulfato y de la Calcitonina nasal y de por qué no le iba a hacer las recetas.
Al final hemos acordado que tomaría paracetamol y acudiría a fisioterapia. Intentaría rebajar su nivel de estrés, adecuar sus posiciones para no cargar la espalda y practicar algo de ejercicio físico.
Ha sido una consulta agradable, creo que ella se ha ido satisfecha y creo que la he ayudado. Me ha dicho: "la próxima vez perderé un poco de mi tiempo en venir a verte".
Pero he tardado 35 minutos, acumulando un retraso de 25 minutos, desesperando al paciente siguiente por la espera y, encima, he acabado bastante agotado.
Seguiré haciéndolo cada vez que pueda y el volumen de pacientes me lo permita, pero me pregunto si esto es lo que quiere mi empresa de mí. Porque recibo mensajes contradictorios: no generar lista de espera, disminuir tiempos de espera, optimización de recursos diagnósticos, uso racional del medicamento, etc.
¿No hubiera sido más fácil y descansado haberle hecho las recetas y "que pase el próximo paciente" ?
Con cosas así ¿todavía algún gerente o político tiene la vergüenza de decir que la sanidad privada es más barata y de mayor calidad?
Antes de decidir si prefieren medicina pública o privada, ¿saben los ciudadanos los riesgos a que se someten cuando confunden rapidez con calidad de la atención?










