¿A cambio de qué estarías dispuesto a exponerte a una dosis de radiaciones ionizantes equivalentes a tres años de tu vida?
Imagínate que en un plato de la balanza depositaras la radiación ambiental de tres años de tu vida, ¿qué podrías en el otro plato?
Imagina que una máquina, a la que entraras voluntariamente, produjera o pudiera producir una serie de transformaciones en tu organismo que equivalieran a tres años vividos. ¿Qué beneficio debería proporcionarte para compensar esa pérdida?...
Supongo que sabes que las mutaciones espontáneas y las radiaciones ionizantes ambientales son los dos grandes factores promotores de la evolución de los seres vivos en la tierra y, lo demás, puro darwinismo.
Supongo que sabes que las radiaciones ionizantes y las hormonas son dos de los factores que tienen una relación directa con la aparición de cánceres en nuestro organismo.
¿Es difícil seleccionar los motivos? Piensa…
Perdonad por la forma de iniciar esta reflexión exagerada, efectista y un pelín demagógica, pero algo de lo que he leído esta semana me ha dado pie a este inicio. Preparando un programa para la radio, he encontrado una relación que me parece importante compartir.
He de reconocer que el origen de mi inquietud la inició Shora en su magnífico blog MedTempus. Así que, buscando más información sobre los efectos de las radiaciones ionizantes, me he encontrado con una publicación del American College of Radiology y la Radiologycal Society of North America que establece una relación muy interesante entre la exposición que sometemos a los pacientes cuando les pedimos una prueba radiológica y la exposición ambiental a la que todos estamos sometidos.
Los rayos X son una forma de radiación ionizante cuyo origen tiene dos grandes fuentes: la natural, ambiental o de fondo (cósmica y terrestre –gas radón y uranio-) y la derivada de las exploraciones radiológicas. La primera es inherente a nuestra propia existencia en el planeta y supone unos 3 mSV (dosis efectiva) en cada persona/año, aunque depende de la zona en la que se vive (mayor en las mesetas interiores y menor en las costas).
En cambio, la emitida de las exploraciones radiológicas, varía sustancialmente de unas personas a otras en función de su actividad profesional (servicios de radiología, centrales nucleares, etc.) y de la frecuencia y tipo de exploración que se le practique.
Un TAC de columna (10 mSV) equivale a 3 años de exposición ambiental, una Mielografía a 16 meses, una Mamografía a 3 meses, una Radiografía de tórax a 10 días y una Densitometría a 1 día.
Hay dos motivos de preocupación que me parece importante destacar:
- Cada vez se hace menos exploración física porque “como le voy a pedir de todas formas el TAC…” Esto es un comportamiento bastante extendido entre los médicos hospitalarios.
- Los médicos de familia vamos teniendo cada vez más acceso a las exploraciones complementarias de radiodiagnóstico.
No cabe duda que, hoy por hoy, no podríamos practicar medicina sin utilizar un recurso tan básico como son estas técnicas, y esta entrada no pretende en modo alguno abogar por su desuso, pero creo que es importante que tengamos esto claro para aumentar nuestra sensibilidad, para sopesar mejor la relación riesgo-beneficio de una prueba radiológica y para elevar nuestra prudencia a la hora de tomar decisiones, ajustando la necesidad de la prueba a la clínica que presente cada paciente.
Dedicado a Juan Gérvas por su entretenida charla de Farmacriticxs en Albacete







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