Se ofrece abuela de alquiler.

- Lo tengo claro, ya estoy harta, yo quiero ser abuela pero, al paso que voy, me voy a morir antes. Ya conoces la mala suerte de mi hija, pero es que no quiere ni oír hablar de compromisos serios y mucho menos de embarazo. Al paso que va, llega a los 40 y sin darme nietos y ¡SE ME ESTÁ PASANDO EL ARROZ!
- Buenoooo…, pero si desde que te jubilaste no paras en tu casa, si viajas más que el Papa…
- Ya, pero quiero ser abuela, cuidar de mi nieto, pasearlo en carricoche, darle de merendar. Quedar con mis amigas y compartir las quejas del cuidado de los nietos.
- Pero, ¿estás segura?, mira que me encuentro a muchos abuelos quejándose del trabajo que les dan…
- Mira, no hay cosa peor que la soledad, que sentirse inútil, levantarse sin tener nada que hacer, terminar el día pensando sólo en lo que me duelen las rodillas. Así que, lo tengo decidido, me ofrezco como abuela de alquiler para pasear nietos y, por supuesto, gratis.

Este es un extracto de una conversación que tuve con una paciente en la consulta y, si somos capaces de ver por encima de la frivolidad que nos aparenta, podemos entender algunas de las claves que están asomando en una sociedad cambiante, en donde la jubilación ya no es la antesala de la muerte como aseguraba Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray allá por el siglo XIX
Es curioso, esta semana hemos tenido unas confidencias muy interesantes de personas mayores que se encuentran potencialmente activas y que reivindican un espacio propio, cargado de simbolismo, que quieren sacudirse el sambenito de la vejez como ejemplo de dolor, tristeza y sumisión ante la muerte. Será que estamos ganando vida a los años.

Al escribir esta entrada me ha venido a la memoria cierta película muy recomendable de un señor que lucha contra la soledad pero utilizando un procedimiento mucho más expeditivo. ¡Quién no recuerda "Familia" de Fernando León de Aranoa

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • RSS

0 comments:

Post a Comment