Sé que nuestro blog es leído por estudiantes de medicina. Sé que, en su formación, la medicina de familia está menospreciada por unos profesores universitarios, todos muy pulcros y sabios, que rezuman la ciencia médica por sus poros y, algunos, incluso no andan, sino que levitan de tanto conocimiento. Sé también que una inmensa mayoría de ellos, denosta nuestra especialidad y lo transmite a sus discípulos, eso sí, no por un concienzudo análisis objetivo sobre nuestra metodología de trabajo, sino por el más zopenco, mezquino y ridículo desconocimiento de una atención clínica diferente en la que lo importante es el paciente y no la enfermedad.
Honradamente, creo que salvo más vidas preocupándome por las circunstancias personales que dificultan a un diabético a cumplir una dieta o a un abuelo a cumplir con una pauta terapéutica que cualquier especialista hospitalario, por mucho que su actuación sea más inmediata, puntual y resolutiva. Podría aducir muchas razones, pero con dos basta: porque veo a muchos más pacientes y no de una patología, sino de muchas y, cada vez más, empleo más procedimientos clínicos (diagnósticos y terapéuticos) que me permiten integrar lo biomédico con lo biopsicosocial.
Pero no voy a desviarme del tema, hoy quiero dirigirme a los estudiantes de medicina que les han hecho creer que la Atención Primaria es el lumpen de la profesión, que sólo se dedica a mandar al “especialista” y a recetar sin rechistar lo que le ordene este. Mirad, esto es absolutamente falso. Es más, os invito a acercaros a nuestra especialidad y si, por circunstancias del azar, caéis con un médico de familia que solo receta y deriva, pensad que malos profesionales los hay en todas partes, en el hospital también. Pero aquí el límite se lo pone cada profesional con su esfuerzo personal y su compromiso con sus pacientes y su especialidad. Lo poco que queda fuera de esto es gran parte de la cirugía, pero eso es otra cosa…
Y, a todo esto, todavía no he contado el origen de este comentario. Hoy es un día muy especial para mí. Hoy me siento exultante, cósmico, enorme, satisfecho y feliz con mi profesión. Una paciente, parapléjica desde hace más de 20 años, desesperada con su dolor y sus temblores y desahuciada en Toledo y en Badalona (Institut Guttmann), me ha dicho:
¡Gracias por ayudarme a vivir mejor!






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