Yo también caí en las redes de farmaindustria

Aunque no recuerdo bien el año, tuvo que ser a principios de la década pasada o finales de la anterior. Recuerdo que me ofrecieron formar parte de un estudio científico con el que pretendían analizar los efectos postcomercialización de un antidepresivo. Tuve que rellenar diez fichas de tratamiento con datos clínicos de eficacia del fármaco. Cierto es que dejé claro que no iban a ser diez tratamientos nuevos sino que, como yo ya empleaba el producto, solo tenía que obtener los datos requeridos conforme los pacientes pasaran por la consulta. Recibí a cambio un dinero (¿90 ó 150€?) que declaré a Hacienda. Esto ocurrió en dos o tres ocasiones y en ninguna ni me pidieron ni solicité el consentimiento informado del paciente.
Es muy fácil juzgar, a toro pasado, los comportamientos de otras etapas anteriores en la vida de las personas, sin tener en cuenta el contexto y las modas sociales imperantes; pero os aseguro que no tenía conciencia clara sobre la irregularidad de estas actuaciones. Es más, curiosamente, yo siempre he tenido “mala prensa” entre los visitadores médicos que me suponían unos poderes de persuasión sobre el resto de médicos de mi equipo capaces de obligarles a no prescribir los productos en promoción. Quien tenga la más mínima noción de las dinámicas de funcionamiento de un centro de salud sabe que eso es absolutamente imposible por más coordinador que seas.
Con el paso de los años, he ido tomando conciencia sobre la necesidad de independencia intelectual, formativa, docente y profesional con farmaindustria.
Poco a poco,  ha ido cambiando mi imagen del visitador médico; cuando empecé a trabajar, los veía como una especie de Rey Midas que te proporcionaba lujo y ciencia actualizada a cambio de un pequeño esfuerzo por tu parte. Ahora, es un vendedor de productos de una industria más preocupada por el reparto de beneficios que por la salud de las personas. Eso sí, quiero dejar bien claro mi máximo respeto al visitador como persona y trabajador sometido a las normas de su empresa y a las leyes del mercado.
Hoy trato de reflexionar sobre cuales han sido los hitos de ese cambio.
  1. El lujo me lo pago yo. Cuando llegas a la profesión es muy difícil entender lo que hay detrás de la adulación, el ofrecimiento y la “gratuidad” con la que se te bombardea. Tener mesa reservada en restaurantes caros o gozar de viajes a lugares y hoteles magníficos, es una tentación demasiado potente a la que es muy difícil sustraerse. Llegar a comprender que tú tienes un buen sueldo para vivir dignamente y que te permite algún que otro lujo pero sin deber nada a nadie requiere tiempo y personalidad.
  2. Formarme me formo yo. Asistir a simposium y mesas redondas donde se te asegura “actualización científica” de vanguardia, hacerse un curriculum de cursos “acreditados” con las respuestas a los test entregadas por los mismos que te ofrecen el curso o asistir, de manera gratuita, a congresos de sociedades científicas con unos precios de inscripción desorbitados, son situaciones difíciles de rechazar. La alternativa es el esfuerzo individual, el estudio de fuentes independientes y, muchas veces, sin la más mínima acreditación y sin los efectos curriculares pertinentes (cuidado con las oposiciones y concursos de traslado)
  3. Mi nombre y mi prestigio profesional son muy importantes y no se venden. Investigo lo que puedo y firmo lo que puedo defender.
  4. No estoy de acuerdo con:
    1. Los ensayos clínicos pagados que se guardan los efectos adversos.
    2. La investigación para la cronificación de procesos en vez de su curación.
    3. La investigación de tratamientos para las enfermedades o factores de riesgo más lucrativas olvidándose de las enfermedades raras y de las más prevalentes en países pobres.
    4. Un sistema de patentes que produce millones de muertes en los países subdesarrollados.
Actualmente soy miembro de la Plataforma No Gracias. Me incorporé a ella hará unos dos años de manera personal, íntima, simplemente como una actitud reflexiva y ética sin más pretensión que la de estar con quienes quiero estar, sin juzgar a nadie. Pero he dado un salto cualitativo, formo parte activa de la Plataforma y pretendo que su intención y filosofía vayan poco a poco impregnando el comportamiento médico de mis compañeros.
Sé que estoy en minoría, pero los tiempos cambian…
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