Tengo en OMI 1.265 recetas de crónicos y acabo de generar el lote para la próxima semana. Esta vez es pequeño, apenas 118 de las que 31 han sido de activos y, el resto, 87 de pensionistas.
He de decir que me preocupo y cuido en cada consulta a demanda que las recetas de crónicos estén actualizadas, intento evitar el despilfarro y estoy pendiente para detectar errores de prescripción e interacciones aunque, es verdad, no siempre lo consigo. Procuro no hacer recetas de crónicos hasta que haya evaluado eficacia y ausencia de efectos secundarios e incorporado a programas de seguimiento de proceso crónico a los pacientes, y no incluyo aquellos fármacos que requieren una especial supervisión (corticoides, AINEs, etc.) excepto si son inducidos desde atención secundaria y controlados desde ella.
Al distribuir las recetas entre el número de pacientes compruebo que el 18.5% de ellos consumen uno, tres o seis fármacos/28 días y que el 11.1% consumen nueve o más. Hay diferencias entre activos y pensionistas. En los activos el 70% generan el 41.9% de las recetas (de una a cuatro recetas por paciente) mientras que en los pensionistas el 52.9% de ellos generan el 68% de las recetas (seis o más recetas por paciente)
Hasta aquí, todo normal, es lógico que se necesiten más fármacos conforme se alarga la vida y aparecen nuevas enfermedades.
Cuando analizo la proporción entre recetas orientadas a la prevención o al tratamiento de la enfermedad, observo que, mientras que en activos el 43.8% de las recetas están orientadas a la prevención, esa cifra se eleva al 56.0% en pensionistas. Dentro de cada grupo, de las recetas dedicadas a la prevención, el 50% intervienen en prevención primaria para activos y el 42.6% para pensionistas.
Como norma general, se puede decir que la prevención primaria suele tener su origen en el médico de familia mientras que la secundaria suele ser originada en segundo nivel tras un ingreso hospitalario.
En cuanto a las dosis diarias (número de comprimidos o equivalente que consume en un día un paciente) recogidas como indicación en las recetas, el 20% de los activos tiene prescritas 8 tomas/día mientras que el 50% de los pacientes sólo ha de consumir 1 o 2 tomas/día. En cambio, el 11.8% de los pensionistas ha de cumplir entre 15-16 dosis/día y sólo el 17.6% ha de consumir 1 ó 2 tomas/día.
Los fármacos más utilizados en prevención son los IBP (30% de los pacientes activos y 42% de los pensionistas), casi siempre relacionados con el consumo concomitante de ácido acetilsalicilico. No obstante, con mucho, globalmente son los fármacos para la prevención cardiovascular los que ocupan el primer lugar.
Bien estos son los datos descriptivos de un lote de recetas de crónicos sin excesivo rigor científico y sin más pretensiones que trasladar una serie de preguntas a los responsables sanitarios: ¿el sistema sanitario quiere seguir haciendo prevención?, supongo que, como es lógico, contestarán que sí. ¿Es posible optimizar los recursos terapéuticos?, estoy convencido que la respuesta también será afirmativa. ¿Cómo optimizarlos?, se me ocurren, a bote pronto, muchas intervenciones: revisar las indicaciones terapéuticas para ajustarlas a la evidencia, marcar límites de actuación desde el sistema sanitario público (política de medicamentos financiados, uso racional, dejar de adscribir fármacos que no aporten mejoras terapéuticas), definir objetivos comunes entre los profesionales sanitarios del sistema, identificar necesidades formativas en todos los médicos prescriptores del sistema sanitario, replantear las relaciones directas entre médicos y farmaindustria, detectar pacientes hiperconsumidores y dotarles de toda la medicación necesaria en envases clínicos, trabajar contra la medicalización innecesaria (información sanitaria, regular mejor y restringir en su caso campañas publicitarias de farmaindustria), concienciar para evitar los botiquines-farmacia en los hogares, etc.
Si después de todo esto, el sistema sanitario sigue manteniendo un alto coste en farmacia, será por sus propias características de equidad, accesibilidad y gratuidad. Y esto, ¿es en sí malo o bueno? Pues depende de la ideología que lo sustente. Lo que sí que debe quedar claro es que ya está bien de medidas de alivio más pensadas para la galería que para aportar verdaderas soluciones.
Reflexiones ante la emisión del lote semanal de recetas de crónicos.
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