Mi residente ya mayor, Arleen, antes de irse de vacaciones a su muy querida Republica Dominicana ha hecho sus deberes haciendo una entrada en nuestro blog que os transcribo a continuación:
Acabo de convertirme en la residente ¨mayorcica¨ de mi tutor, gracias a la plaza vacante que dejó la muy querida y recordada V., y como paradoja a este acontecimiento, les dejo este título: Bendita inocencia…
En una guardia, como en cualquier otra, me llegó una niña de unos 11 años. Era menudita, y sus pantaloncitos cortos complementaban la camiseta rosa que llevaba. Venía acompañada de dos familiares, quienes con cara de preocupación aguardaban que fuera examinada para confirmar o descartar la sospecha de una apendicitis aguda por la que fue derivada al servicio de urgencias.
Me presento y doy inicio a la entrevista clínica: Paciente de 11 años con fiebre desde hace un par de días, acompañado de dolor abdominal en fosa iliaca derecha, continuo, no irradiado, sin desencadenante evidente, y que no se modifica a los movimientos. Se acompaña de anorexia y astenia. No síndrome miccional, ni digestivo, y síntomas meníngeos negativos.
Paso al examen físico, y cuando llego a abdomen, específicamente a la fosa iliaca en cuestión, la paciente niega dolor a la palpación. Le pregunto- Pero me has dicho que ahí es donde te duele. - No es un poco más abajo. Desciendo con delicadeza a la ingle, tratando de respetar la modestia propia de la infancia, encontrándome en mi camino varias tumoraciones blandas y móviles a cuya palpación se intensifican las quejas de dolor de mi paciente. Reviso la pierna ipsilateral sin encontrar causas para las adenopatías. Sigo valorando la otra ingle, las axilas y el cuello con idénticos resultados de adenitis.
Al terminar el examen, y sin otros hallazgos de interés, comento el caso con uno de mis adjuntos quien me recomienda pedirle una ecografía para descartar una adenitis mesentérica, además de una serología para anticuerpos contra Epstein-barr. Las pruebas salen negativas. Pero, tanto por la edad y la clínica me decanto por una posible mononucleosis causada por citamegalovirus. Sin ningún dato de gravedad y ante la imposibilidad de realizarle la serología para confirmar la sospecha, me dirijo hacia el box para hablar con la familia.
- Ya he vuelto. La niña no tiene una apendicitis, tanto por la clínica de fiebre, cansancio, etc… y por las adenopatías, la niña tiene probablemente una mononucleosis, mañana…
- Disculpe doctora -me interrumpió la abuela-, ¿qué es una mononucleosis?. Nunca había escuchado eso.
- Eeeh, bueno esteee… es lo que comúnmente se conoce como ¨la enfermedad del beso¨ -respondo acalorada.
- ¿Coomo? -me preguntó la mayor de ambas.
- Se le llama así, porque es la forma más común de contagio -me apresuré a aclararles-, pero es transmitida por la saliva, o sea que la niña pudo haberlo adquirido por beber del mismo vaso que un@ amiguit@, compartir una comida, o algo no se… (perversas musas, mira que esconderse cuando más las necesito).
- La enfermedad del beso no es lo que tenia Pedrito**, tu novio? -le pregunta la mujer más joven, que resulto ser su tía.
- No -responde la niña-, quien la tenia era Pepito**, el que era mi novio antes que Pedrito.
- Bien -me toco a mí el turno de interrumpirlas-. Que tome esta medicación. Mañana irán a su médico, le llevaran el informe, le pedirán que les solicite una serología de anticuerpos contra el citamegalovirus, y lo que el estime conveniente. Hasta luego y que mejore!!.
Fui un poco abrupta, porque entre tanto buscar el posible culpable del contagio, temí que se perdiera la inocencia… mi inocencia.
Arleen De Leon Robert (R3 mfyc).
(**Nombres ficticios).
Bendita inocencia.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)






0 comments:
Post a Comment