Desde hace unos años, yo diría que desde que Pfizer empezó a utilizar el marketing en población general con el tema de la disfunción eréctil, se ha ido incorporando más y más publicidad de productos farmacéuticos en los medios de comunicación en un claro intento de ampliar mercado ventas.

¡Oye, qué buena idea!, ¡trabajamos el clamor popular!, ¡masas de votantes exigiendo nuestros productos, exaltadas por el nuevo culto hacia la salud!, las mujeres medicalizándose la menopausia, la medicina privada, con su marchamo de calidad, acogiendo a las parejas infértiles de más de 46 años, las clínicas dando soluciones para todas las calvicies, por no hablar de los beneficios de las cápsulas de vinagre de manzana o del lino que depura-tu línea, los dirigentes de los países tranquilizando al personal con hemos comprado tantos millones de dosis de antivirales, los consejeros de sanidad pavoneándose entre ellos de nosotros no solo vacunamos del VPH a las niñas de 9 a 12 años sino, también, a las de 13 y ADEMÁS DOS HUEVOS DUROS.
Y, mientras tanto, nuestro SNS, preocupado por el excesivo consumo de medicamentos o por el gasto farmacéutico, se devana los sesos aportando soluciones como los genéricos, los principios activos, el precio de referencia.
¡Ah, se me olvidaba!, es de justicia reconocer que nuestras autoridades sanitarias han establecido un mecanismo para contener esta loca pasión de la industria farmacéutica por el marketing publicitario, un mecanismo infalible, perfecto, preciso, la piedra angular del consumo de medicamentos, el martillo de herejes, el arma definitiva: “lea las instrucciones de este medicamento y CONSULTE AL FARMACÉUTICO”






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