Los médicos, y en general todos los profesionales sanitarios y no sanitarios que trabajamos en las instituciones sanitarias públicas, pocas veces nos ocupamos, o mejor dicho preocupamos en exceso, por los aspectos organizativos de nuestra “empresa”. Es decir, dejamos hacer, salvo que nos toquen mucho las narices...
Dicho de otro modo, a la gran mayoría nos da igual cómo nuestros gestores y responsables políticos organizan los circuitos y la estructura de gestión que soporta nuestra actividad asistencial y nuestro quehacer diario, sabiendo y confiando por otra parte en que nuestros representantes sindicales -como representantes legales de los que trabajamos por cuenta ajena- sí hayan podido opinar y participar en cualquier proceso de cambio organizativo que vaya a implantarse.
Pero en mi opinión, creo que esa actitud no debería ser la habitual, aunque por desgracia no ocurre así. Y digo esto porque entiendo que nuestra formación y capacitación profesional nos permite, con criterio, poder opinar, discutir y participar en el proceso de toma de decisiones ante cuestiones de tipo organizativo que a la postre “sufriremos” de primera mano.
Entonces cabría preguntarnos por qué tenemos esa actitud, por qué dejamos de preocuparnos, o lo que es peor, por qué “pasamos” de ocuparnos de esas cuestiones organizativas. La pregunta la dejo en el aire para que cada uno la responda según su criterio y opinión.
Y hago esta reflexión de fondo porque en los últimos días, estamos escuchando sin cesar, aunque de forma extraoficial, en los pasillos, en nuestros corrillos del centro de trabajo, en reuniones,..., que a partir del día 1 de enero de 2010, toda nuestra Organización (el Servicio Murciano de Salud) pasará a funcionar bajo el modelo de Gerencia Única de Área (gestión integrada de los recursos de Atención Primaria y de Atención Hospitalaria)
Antes de proseguir, indicar que, como conocedor de la gestión sanitaria, soy partidario y firme defensor del modelo, allá donde se pueda implantar con las suficientes garantías de éxito, entendiendo como tal la posibilidad de cumplir los objetivos planteados previamente con eficacia, eficiencia y satisfacción de los usuarios y, por supuesto, también de los profesionales.
Sin embargo, reconozco igualmente que en determinadas Áreas sanitarias, bien por la complejidad del hospital de referencia, bien por la dispersión o la extensión territorial, bien por el tamaño poblacional del Área, o por otros factores, el implantar el modelo de gestión integrada podría ser, cuanto menos, arriesgado o incluso irresponsable.
Sobre este asunto de fondo, lo que me preocupa enormemente es el hecho de poder implantar el modelo “por decretazo" o “porque lo digo yo", sin ni siquiera haber planteado y difundido previamente los objetivos de la iniciativa, sin conocer ni difundir cómo va a ser la estructura resultante, ni la ubicación de las estructuras administrativas y de gestión, sin haber dejado participar a nuestros representantes legales, pero sobre todo me preocupa el hecho de que no se cuente con la opinión de los profesionales, ni de los clínicos “de a pie” de un nivel asistencial ni del otro, ni de los mandos intermedios, ni tampoco de nuestros representantes sindicales.
Por tanto solo sabemos, y como decía vía radio macuto, el cuándo. No sabemos el por qué, ni el para qué, ni el cómo. Es decir, sobre la implantación del modelo de Gerencia Única, los profesionales solo sabemos que no sabemos nada.
Para concluir, expresar desde mi humilde punto de vista, que si se continúa con esa forma de actuar, se desaprovechará una vez más la oportunidad que debería planteársenos: esta estrategia organizativa, para que sea exitosa, debería calar en TODOS los profesionales para que tuviera credibilidad, debería contar con la máxima participación para que hubiera implicación y debería fomentar el sentimiento de pertenencia a la “empresa” para poder ilusionar a todos los implicados. De lo contrario más de lo mismo.
Dicho de otro modo, a la gran mayoría nos da igual cómo nuestros gestores y responsables políticos organizan los circuitos y la estructura de gestión que soporta nuestra actividad asistencial y nuestro quehacer diario, sabiendo y confiando por otra parte en que nuestros representantes sindicales -como representantes legales de los que trabajamos por cuenta ajena- sí hayan podido opinar y participar en cualquier proceso de cambio organizativo que vaya a implantarse.
Pero en mi opinión, creo que esa actitud no debería ser la habitual, aunque por desgracia no ocurre así. Y digo esto porque entiendo que nuestra formación y capacitación profesional nos permite, con criterio, poder opinar, discutir y participar en el proceso de toma de decisiones ante cuestiones de tipo organizativo que a la postre “sufriremos” de primera mano.
Entonces cabría preguntarnos por qué tenemos esa actitud, por qué dejamos de preocuparnos, o lo que es peor, por qué “pasamos” de ocuparnos de esas cuestiones organizativas. La pregunta la dejo en el aire para que cada uno la responda según su criterio y opinión.
Y hago esta reflexión de fondo porque en los últimos días, estamos escuchando sin cesar, aunque de forma extraoficial, en los pasillos, en nuestros corrillos del centro de trabajo, en reuniones,..., que a partir del día 1 de enero de 2010, toda nuestra Organización (el Servicio Murciano de Salud) pasará a funcionar bajo el modelo de Gerencia Única de Área (gestión integrada de los recursos de Atención Primaria y de Atención Hospitalaria)
Antes de proseguir, indicar que, como conocedor de la gestión sanitaria, soy partidario y firme defensor del modelo, allá donde se pueda implantar con las suficientes garantías de éxito, entendiendo como tal la posibilidad de cumplir los objetivos planteados previamente con eficacia, eficiencia y satisfacción de los usuarios y, por supuesto, también de los profesionales.
Sin embargo, reconozco igualmente que en determinadas Áreas sanitarias, bien por la complejidad del hospital de referencia, bien por la dispersión o la extensión territorial, bien por el tamaño poblacional del Área, o por otros factores, el implantar el modelo de gestión integrada podría ser, cuanto menos, arriesgado o incluso irresponsable.
Sobre este asunto de fondo, lo que me preocupa enormemente es el hecho de poder implantar el modelo “por decretazo" o “porque lo digo yo", sin ni siquiera haber planteado y difundido previamente los objetivos de la iniciativa, sin conocer ni difundir cómo va a ser la estructura resultante, ni la ubicación de las estructuras administrativas y de gestión, sin haber dejado participar a nuestros representantes legales, pero sobre todo me preocupa el hecho de que no se cuente con la opinión de los profesionales, ni de los clínicos “de a pie” de un nivel asistencial ni del otro, ni de los mandos intermedios, ni tampoco de nuestros representantes sindicales.
Por tanto solo sabemos, y como decía vía radio macuto, el cuándo. No sabemos el por qué, ni el para qué, ni el cómo. Es decir, sobre la implantación del modelo de Gerencia Única, los profesionales solo sabemos que no sabemos nada.
Para concluir, expresar desde mi humilde punto de vista, que si se continúa con esa forma de actuar, se desaprovechará una vez más la oportunidad que debería planteársenos: esta estrategia organizativa, para que sea exitosa, debería calar en TODOS los profesionales para que tuviera credibilidad, debería contar con la máxima participación para que hubiera implicación y debería fomentar el sentimiento de pertenencia a la “empresa” para poder ilusionar a todos los implicados. De lo contrario más de lo mismo.
En definitiva, y una vez más, las formas de los responsables de nuestra “Empresa” harán que la posibilidad de mejora pueda irse al traste y que de nuevo “pasemos” de este tema. Por eso muchas veces escuchamos lo de “¡Virgencita, Virgencita,..., que me quede como estoy!”.






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