Las 'cartucheras' merecen un respeto.


Existe un gran números de mujeres que se gastan, lo que no está en los escritos para reducir sus famosas cartucheras a base de cremas, masajes, liposucciones… etc., y al parecer un buen culo y unas buenas nalgas pueden ser ventajosas desde un punto de vista de salud cardiovascular, ya que, tal vez consuele saber que es muy posible que esas 'cartucheras' tan características del cuerpo femenino tengan un gran poder frente a las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. Los científicos se afanan en desvelar los mecanismos biológicos que están elevando a la grasa de esa zona a los altares de los máximos aliados de nuestra salud. La revista International Journal of Obesity publica esta semana una revisión de los últimos avances de la investigación en este campo. Pesar más de la cuenta siempre es poco recomendable, pero puede ser que revista un peligro mucho menor –o nulo– si el aumento de volumen se concentra fundamentalmente en la parte baja del cuerpo, dejando a salvo la barriga. Por esta razón, la cinta métrica constituye una herramienta mucho más eficaz que la báscula para valorar la obesidad.
Los estudios efectuados en diferentes poblaciones muestran que una mayor cantidad de masa grasa en la zona gluteofemoral está asociada a un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. De hecho, los individuos con un tipo pera, frente al tipo manzanas, suelen tener niveles más bajos de colesterol LDL y superiores del HDL. Es más, se ha constatado que la circunferencia de la cadera y el tejido adiposo (graso) de las mujeres con sobrepeso u obesidad están asociados a un incremento de determinadas sustancias saludables. Y este es, precisamente, el punto más candente de la investigación: determinar si unas buenas cartucheras pueden contrarrestar, al menos en parte, los efectos negativos de una barriga un poco más prominente de lo normal.
El tejido de nalgas y piernas no contiene adipocitos viscerales y además, se encarga de atrapar la grasa para evitar que se ubique en otras partes del organismo en las que resulta dañina. "Quizá se trate de una forma inerte de acumulación", precisa José Manuel Fernández-Real, jefe de Sección de Diabetes del Hospital Josep Trueta de Gerona y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CiberOBN). Los adipocitos de la región gluteofemoral generan más cantidades de leptina y adiponectina, que propician la sensibilidad a la insulina y la vasodilatación. Xavier Formiguera, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), alude a los estudios epidemiológicos en los que se ha observado que "las mujeres premenopáusicas con un aumento de grasa gluteofemoral están más protegidas". En esos casos se considera que "no es necesario perder peso, aunque se les puede ayudar si no les gusta cómo están".
Un incremento significativo de kilos localizado sólo en la zona gluteofemoral no revestiría ningún peligro cardiovascular, si bien también hay que tener en cuenta, según Formiguera, "la acción mecánica", que se traduce fundamentalmente en la sobrecarga que tienen que aguantar la espalda y las rodillas.
Aunque para algunos no resulten muy estéticas, las 'cartucheras' merecen un respeto. La próxima vez que se mire al espejo, sea más benevolente con ellas. Constituyen una reserva energética de primera calidad y, además, limpian de 'porquería' el resto del organismo. Tal vez va siendo hora de reivindicar con más fuerza el tipo pera.

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