Desde hace unas semanas estoy en el mes de rotación libre del tutor con las unidades de cuidados paliativos ubicadas en el C. S. Zarandona, este tranquilo periodo en que dejamos a nuestros residentes al frente de la consulta y nosotros pasamos a ser espectadores y aprendices en las diversas facetas de nuestra profesión. Pues bien, para mi está resultando un soplo de aire fresco ver la forma en que trabajan estos compañeros a pesar de las situaciones que continuamente atienden. Algunos podréis pensar que menuda frescura atender a pacientes y familias que están viviendo una situación final, de despedida, con muchos sentimientos en el ambiente, … pero bueno, es mi sensación. Me he vuelto a reencontrar con quien fue mi tutor y maestro, con quienes fueron referentes como tutores en mi época de residente y con un grupo de gente que trabaja con un objetivo común: ayudar a todos los implicados en la fase final del ser humano. El ambiente de trabajo visto desde fuera es de sosiego, tranquilidad, todo se enlentece, creo que es lo que desean transmitir ellos como el final de la vida (claro, así lo veo yo, la situación personal que cada uno de estos profesionales deben vivir puede ser muy distinta). Son otros ritmos a los que seguimos en las consultas de atención primaria, es más, imbuido por este clima, los días que he ido a pasar la consulta cuando mi resi esta saliente de guardia, me he contagiado de ello y la consulta “fue de otra manera”, eso sí lié un atraso tremendo.
También me he dado cuenta de la cantidad de personas a las que ayudan: por un lado tenemos a los profesionales (como yo) que necesitamos apoyo cuando nos enfrentamos con el final de los pacientes, nos planteamos si lo estamos haciendo bien, dudas en cuanto a tratamientos, etc …. Luego al paciente, figura central de todo el proceso, y por último y figuras clave, todo lo que rodea a éste: familia, cuidadores, …. De hecho hace poco fuimos a casa de una paciente de 95 años que estaba en fase de últimos días/horas como dicen ellos (muy malica como diría yo) y allí al mismo tiempo estaban atendiendo a unas 12 personas a la vez (la paciente, los 5 hijos, 2 nueras, 3 nietos y 1 vecino), entrando y saliendo de un espacio de la casa a otro, en los días previos había habido un trabajo con gran parte de ellos en relación a como podría finalizar todo, y llegado este momento pude comprobar el final del ciclo, murió la paciente a las 2 horas de marcharnos del domicilio. Al día siguiente acudimos al tanatorio para dar el pésame a la familia y casi finalizar el proceso (quedó una última visita a la familia una semana después para recoger el material que dejamos y ver como estaban y las sensaciones de “los que se han quedado”). Observando el trabajo diario de todos ellos he visto lo importante que es identificar (como procuramos hacer nosotros en la consulta) quienes son los que necesitan ayuda de todos los citados anteriormente: a veces somos los profesionales, pacientes y familia están tranquilos pero somos nosotros los que no toleramos las situaciones finales. Otras veces es la familia o el paciente, o ambos. Generalmente todos van a precisar ayuda y apoyo, cada uno en un grado determinado, pero si localizamos a los más necesitados las intervenciones son más efectivas.
Por último decir que pocas veces he visto un agradecimiento tan sincero y emotivo como aquí de pacientes y familias/cuidadores durante todo el proceso y cuando este finaliza a la labor hecha. Así, en nombre de todos ellos y en el mío propio por lo aprendido gracias a todos: Eduardo, Rosa, Pepe, Isabel, Censi, Toñi, Miguel, Peli, Ana, Mercedes, María y Pilar.






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