Hoy me ha venido a la guardia en el Centro de Salud una mujer de 62 años, adscrita a un compañero del EAP, con mal estado general, dolor generalizado expresivo, sudoración, palidez y nerviosismo intenso. Nada extraño en una urgencia con una salvedad: es sordomuda.
Tras intentar calmarla (asiéndole las manos, mirándole a los ojos, adoptando una imagen de tranquilidad), he tenido que intensificar mis recursos de persuasión para transmitirle que voy a hacer todo lo posible por comprenderla (escucha activa, empatía).
Ella trataba de expresar todos sus síntomas mediante gesticulación y emisión de sonidos y gritos altisonantes (recordemos que no se oye y no los puede modular) que producen a quienes se encuentran cerca de ella un malestar evidente.
Observé que no leía los labios, por lo que adopté la gesticulación como forma de comunicación. No emití sonidos ni alcé la voz para que me oyera (cosa imposible que hubiera producido más alarma en la sala de espera)
Su HC era bastante anodina, hernia de hiato, depresión y otros episodios antiguos sin gran importancia salvo “Osteoporosis postmenopáusica” a los 51 años con un T-Score de –2.2 (¿?) y “Escoliosis Adquirida Maligna” desde los 52 años sin prueba radiológica alguna (¿?). No tengo claro ninguno de los dos diagnósticos ni por su inicio ni por las exploraciones complementarias. El primero es extraño a esa edad sin una menopausia precoz (que no se incluye en la historia), ¿por qué se le hizo un DEXA a los 51? ¿Por qué el diagnóstico con T-score< -2,5?, y el segundo suele ser de inicio en la infancia o tumoral (no síntomas). Desconozco si se le ha tratado (corsé o cirugía) en su momento, si es que no le ha sido eficaz o si es que ella lo ha rechazado. Nada de esto se refleja en su historia clínica
Ordenando síntomas, presentaba un cuadro de infección respiratoria baja y otro de dolor lumbar intenso. Llevaríamos ya unos 10 minutos de consulta cuando me enseñó un informe de urgencias de 6 días antes: acudió por el mismo cuadro y, tras hemograma, analítica de orina y Rx tórax (que informa de las vértebras fusionadas pero no de afectación cardiopulmonar) fue dada de alta con diagnóstico de dolor osteomuscular vs. Cólico renoureteral. No encuentro Rx de abdomen ni Eco abdominal. La paciente se encontraba molesta con el servicio y expresó su desprecio a la información contenida en el informe.
Una vez que conseguí establecer la comunicación y comprender su problema, me relajé un poco. Pensé: “ahora viene lo más fácil, la exploración”...
Pero hete aquí que, tras explorar cavidad bucal y cuello (sin problemas) me encuentro una espalda con escoliosis severa y con una enorme giba izquierda baja. En la auscultación había un descenso del murmullo en la giba y resto normal. La Puño Percusión Renal fue positiva en el lado izquierdo y la palpación abdominal mostró un dolor en recorrido del uréter. En toda esta fase, la paciente fue muy colaboradora y me informó convenientemente de su dolor. No obstante, por mi cabeza rondaba la idea de ¿cómo voy a explicarle lo del cólico?
Una tira de orina confirmó la microhematuria, proteinuria y leucocituria. Tenía claro el diagnóstico y el tratamiento, mis problemas volvieron a ser los de comunicación hasta que averigüé que sabía leer (“¡Claro!, cómo no va a saber si es su principal forma de comunicación”) Le expliqué todo lo que preguntó y le comenté la conveniencia de que fuera a consulta normal con su médico. Nos despedimos con un apretón de manos.
Los problemas de comunicación siempre están presentes en las urgencias sanitarias, pero en pacientes con discapacidades neurosensoriales, mucho más.
Imaginemos que la paciente acude a nuestra consulta habitual por ser de nuestro cupo, ¿qué más cosas tendríamos que hacer?






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