
Cada vez que los médicos nos acercamos a una asociación sociosanitaria experimentamos unos cambios en la percepción que tenemos sobre el problema de salud que ocupa a la asociación. Al contactar con personas que lo padecen, aumenta nuestra sensibilidad al mismo, se nos abren nuevos retos profesionales y elaboramos nuevos enfoques a unos pacientes (y a sus familiares) que antes no éramos capaces de comprender.
Esta semana he tenido la suerte de acercarme, desde un punto de vista profesional, al Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad que es un síndrome conductual heterogéneo, del que parece improbable encontrar una causa única, considerándose más bien la vía final de una serie de fallos biológicos que interactúan entre sí y con otras variables ambientales, tanto de orden biológico como psicosocial.
Si bien se suele detectar en la infancia, cada vez es mayor la evidencia de que se prolonga durante la adolescencia y la edad adulta, por lo que estos pacientes nos van a acudir a la consulta y debemos estar preparados para atenderlos convenientemente.
El trastorno en sí es un problema de atención que dificulta el aprendizaje y se caracteriza por un comportamiento hiperactivo (incapacidad de permanecer mucho tiempo quieto), dificultad de permanecer atento a una explicación e impulsividad (actuar sin pensar en las consecuencias). Además de estos síntomas básicos, suele acompañarse de otros trastornos asociados como ansiedad, nerviosismo e insomnio, comportamientos antisociales: no soportan las normas (sociales o legales), violencia, conductas negativistas, hostiles y desafiantes, abuso de drogas, problemas afectivos del tipo de depresión, etc.
Un niño con TDAH que no recibe un diagnóstico y un tratamiento correctos tiene altas probabilidades de sufrir, a lo largo de su desarrollo, un notable deterioro de su rendimiento escolar, de sus relaciones familiares y de su entorno social. Y lo que es más grave, que dicho deterioro y sus consecuencias se extienden durante su vida adulta en forma de problemas laborales, dificultades de pareja, consumo de drogas, conductas antisociales y otros trastornos psiquiátricos asociados.
Este no es un problema nuevo, ni siquiera de reciente diagnóstico. Cuando pienso en sus consecuencias y el previsible mal enfoque que han tenido las personas que lo sufren, me pregunto cuántas estarán ahora sufriendo la marginación laboral, la exclusión social o la cárcel.
Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad
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