Como cada año la historia se repite.
Han llegado los nuevos residentes.
Ellos, como siempre, jóvenes, tu, sin embargo, un año mas viejo (pero tomémoslo desde otro punto de vista, con un año mas de experiencia). También, como siempre, llegan plenos de conocimientos, pero con escaso bagaje clínico, la mayoría de ellos aun no han tomado ninguna decisión con un paciente. También, como siempre, les haces y te haces la misma pregunta ¿Qué esperas de mí como tutor? Algunos, esperan una continuación de la Universidad, un tutor-profesor que les mande deberes, les examine, les evalúe... y se llevan su primera decepción “aquí no hay clases”.
La primera faena que te impones es transformar esa experiencia en conocimiento y saber transmitirlo. Como me enseñaron “antes de la inspección, palpación, percusión y auscultación, hay que practicar el arte de la escuchacion”, intentaré que encontréis vuestra distancia terapéutica, que establezcáis vuestros limites, que os comuniquéis, ya que, en la mayoría de las ocasiones el lenguaje es terapéutico per se.
Habrá que intentar enseñar que el protagonista de esta historia, el protagonista de la atención, es el paciente, que conseguir y respetar su autonomía no solo es un deber ético, es un objetivo de salud, que el paciente se encuentra inmerso en un contexto familiar y social que es un todo indivisible.
Os planteare mis dudas clínicas, que en ocasiones serán mas frecuentes que las vuestras lo que no significa que sean mas importantes, intentare explicaros como las resuelvo, cuales son mis fuentes de información y formación, y también me escuchareis, alguna vez, eso de “tus dudas son mis dudas”.
Intentaré, dirigir, informar, confrontar, desafiar, educar, compartir, estimular, orientar, supervisar, evaluar… en definitiva, yo prometo esforzarme, porque como cada año la historia se repite, pero como siempre la historia es diferente.
Han llegado los nuevos residentes.
Ellos, como siempre, jóvenes, tu, sin embargo, un año mas viejo (pero tomémoslo desde otro punto de vista, con un año mas de experiencia). También, como siempre, llegan plenos de conocimientos, pero con escaso bagaje clínico, la mayoría de ellos aun no han tomado ninguna decisión con un paciente. También, como siempre, les haces y te haces la misma pregunta ¿Qué esperas de mí como tutor? Algunos, esperan una continuación de la Universidad, un tutor-profesor que les mande deberes, les examine, les evalúe... y se llevan su primera decepción “aquí no hay clases”.
La primera faena que te impones es transformar esa experiencia en conocimiento y saber transmitirlo. Como me enseñaron “antes de la inspección, palpación, percusión y auscultación, hay que practicar el arte de la escuchacion”, intentaré que encontréis vuestra distancia terapéutica, que establezcáis vuestros limites, que os comuniquéis, ya que, en la mayoría de las ocasiones el lenguaje es terapéutico per se.
Habrá que intentar enseñar que el protagonista de esta historia, el protagonista de la atención, es el paciente, que conseguir y respetar su autonomía no solo es un deber ético, es un objetivo de salud, que el paciente se encuentra inmerso en un contexto familiar y social que es un todo indivisible.
Os planteare mis dudas clínicas, que en ocasiones serán mas frecuentes que las vuestras lo que no significa que sean mas importantes, intentare explicaros como las resuelvo, cuales son mis fuentes de información y formación, y también me escuchareis, alguna vez, eso de “tus dudas son mis dudas”.
Intentaré, dirigir, informar, confrontar, desafiar, educar, compartir, estimular, orientar, supervisar, evaluar… en definitiva, yo prometo esforzarme, porque como cada año la historia se repite, pero como siempre la historia es diferente.







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