de Lorena Sánchez, R1 de MF y C
“CURSO SOBRE EL PORTAFOLIOS”

Hoy hemos tenido el curso sobre el famoso “portafolios”, esa herramienta que, en teoría, sirve para demostrar, ante aquellos que nos han de evaluar, que hemos adquirido las competencias pertinentes. Según se nos ha explicado, es un método de evaluación que intenta ser lo más justo posible, pues no se nos califica por lo que ponga en él, sino por el esfuerzo invertido en realizarlo; es decir, por el interés que cada uno de nosotros ponga en evidenciar nuestro aprendizaje a lo largo de cada año de residencia. Además, para convencernos de su importancia e intentar que tenga la mejor acogida por nuestra parte, se nos recuerda que ese trabajo diario sustituye a lo que podría ser un injusto e imparcial examen de fin de residencia.
Hasta aquí bien; unos quedan más convencidos que otros, pero, al fin y al cabo, es lo que hay. Sin embargo, en las charlas-cursos que llevamos hasta ahora, a mí me están surgiendo una serie de contradicciones que no sé si son compartidas por el resto de mis compañeros. No paro de escuchar “esto ya no es la universidad”, “ahora estáis en el mundo de los adultos”, “la aCtitud con ´c` es fundamental”, “aprender a reflexionar es muy importante”… y otra serie de comentarios que me parecen muy acertados y con los que estoy de acuerdo. Sin embargo, me cuesta enlazar esta serie de consejos/sugerencias con el planteamiento de la residencia que, sin quererlo, sale en todas las reuniones:
- “Vosotros sois amigos, pero no olvidéis que luego sois los que vais a tener que competir por los mismos puestos de trabajo”.
- “El que avisa no es traidor, es avisador”: una frase graciosa, no digo que no, pero que me recuerda a cuando de pequeños se nos advertía y reñía.
- Hay que expresar en el portafolios todo lo interesante que hemos hecho, porque no basta con saberlo, sino que hay que demostrarlo…
- Hay premio al mejor portafolios…
En mi opinión, toda esta serie de comentarios se hacen con la mejor intención y con un ánimo motivador, de forma que se conviertan en alicientes para ir planteándonos objetivos y marcándonos un camino a seguir. No obstante, en mi caso, hacen que me sienta un poco infantil; yo no creo que mi motivación para formarme deba ser el pensar que en cuatro años voy a tener a un gran grupo de rivales que me vayan a quitar el trabajo, que me den el premio al mejor portafolios (que al fin y al cabo es una elección subjetiva, ya que depende de los gustos del que evalúa) o hacer muchas cosas para que quede reflejado y así piensen que sé mucho más y que de verdad estoy preparada…
Mi motivación son mis pacientes; mi motivación es que, a partir de ahora, debo ir adquiriendo cada día más responsabilidades, debo dar la cara ante cada una de mis acciones, tengo que intentar ser mejor cada día para hacer bien mi trabajo. Y para ello necesito estudiar, aprender de mis “R” mayores y “co-R”, de mis tutores, del resto de compañeros de trabajo (otros médicos, enfermeros, celadores…). Está claro que la RESIDENCIA es un periodo de cuatro años, es un CONTRATO que debo cumplir porque lo he firmado libremente, y entre esas responsabilidades está el apartado de EVALUACIÓN, que, como parte de mi trabajo es importante hacerlo bien, pero no hay que olvidar cuál es el eje en torno al que gira todo ese esfuerzo: el PACIENTE y el deseo de ser un BUEN MÉDICO.
Además, considero que, en un mundo de adultos, cada uno debe saber donde está su lugar y cuales son sus obligaciones, no necesitando que día a día se les den “incentivos” para motivarle.
Para terminar, quiero aclarar que, realmente, no considero que el portafolios sea una mala idea, sino que considero que el punto de vista desde el que se plantea crea una controversia al residente, de forma que, algo tan útil como puede ser recoger una serie de conocimientos adquiridos interesantes que te puedan ayudar día a día en tu formación (y en un futuro) se simplifica a una forma de evaluación que crea en el residente un estrés fuera de lugar, convirtiendo todo su trabajo en un mero esfuerzo para que el que evalúa “te ponga buena nota”, en lugar de ser un trabajo que sienta como propio y con el cual quede satisfecho durante su realización y al terminarlo.






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