de Lorena Sánchez
El jueves 1 de julio de 2010, salimos a medio día dirección La Manga del Mar Menor. Nos dividimos en los distintos coches, uno de ellos un wolkswagen descapotable rojo “de lujo y de categoría”, que cierto adjuntillo aun adherido al Centro de Salud de La Flota (y que se niega a alejarse), se empeñó en que descapotaran… Según me cuentan mis compañeras, en 2 minutos tuvieron que parar porque a 38ºC, a las 14:30 h de la tarde, era poco viable mantener…
Yo iba en otro coche con dos R4 y con la Responsable de docencia bien cómoda y con el airecito acondicionado…
Llegamos al puerto, tomamos el barco… y empezamos a sufrir. Nada más llegar, todos nuestros compañeros iban “decorados” con complementos de piratería… Parches, espadas, pañuelos…Al empezar, todos sabían qué iba a pasar, menos las cuatro R1, que estábamos en tensión cada una con sus propios miedos: “si me tiran en movimiento, las hélices me pueden cortar la cabeza”, “yo no veo el fondo, a saber lo que hay ahí debajo”, “si me tiran, seguro que no sé salir, me hundo y me ahogo”… ¿cómo pretendían que comiéramos?¿cómo pretendían que me separara del lateral del barco que me protegía de todos los males? En fin, como tantas otras veces, el alcohol, fue la solución: desinfecta y desinhibe, todo lo que hace falta en una ocasión como esta.
Sin embargo, desde el principio, todos los demás estaban bien animados; comenzamos el viaje por el Mar Menor con un éxito musical del verano… de qué año, no lo sé, porque mira que a mí me gusta la música de todas las épocas, pero eso no lo había oído en mis 25 años de vida… Continuamos con “I will survive”, lo cual era una premonición de lo que iba a suceder… Y así, una tras otra canción que iban amenizando y animando al personal… Manolo e Isabel tomaron el mando; nadie olvidará su coordinación en los pasos, parecía dos delfines bailando al mismo son… Pepe observaba desde su posición y ejercía de excelente anfitrión, alimentándonos a las resis pequeñas, aunque no teníamos muy claro si era por cortesía hacia nosotras, o hacia los tiburones… En cuanto a Concha, yo la denominé Concha-Cultural, ya que se encargó de recoger los hermosos paisajes mediante la fotografía, dio clases de baile… y en otras ocasiones, simplemente le daba estilo y glamour al barco. Yanira (glup, glup, glup), Ajo y Leo, fueron tres terremotos, ejerciendo de verdugos y de víctimas, ya que ni ellas se libraban de los ataques de otros R (y ya no R) mayores… Arleen y su cámara fueron uña y carne, y Yohalis, que iba acompañada de su pareja, dio algunas clases de baile demostrando sus raíces… Vanesa daba una de cal y una de arena… con su timidez que la caracteriza, lo mismo miraba al horizonte pensativa, que se veía como jamón-York en un sándwich, donde Pedro y Alberto ejercían de un sabroso pan blanco sin corteza…Inma me sorprendió con su excelente picado… ¡eso es abrirse paso en el agua con estilo! Y luego estaba Sergio, que se encargó de que en ningún momento nadie estuviera tranquilo y seguro en el barco… ni fuera del barco… porque con hielo o con agua, Sergio siempre acechaba…
Pronto llegó el momento del bautizo, acontecimiento que llevábamos oyendo desde el día que elegimos la plaza en La Flota. Una a una fuimos subiendo a nuestro “escenario” particular, donde nos deleitaron con unas bonitas palabras como “y me servirás, por la gloria de tu padre”, “arrodíllate y sé buena”… dulces comentarios que nunca olvidaremos. Se nos entregó a cada R1 una camiseta de “estilo piratesco”, personalizada con las firmas de los compañeros, y un parche; así nos hicimos fotos con nuestro tutor (oficial o en funciones, ya que algunos no pudieron asistir) y con nuestro R mayor, y sin más dilación, fuimos delicadamente arrojadas al mar (espero que se note la ironía en mis palabras).
A partir de ahí, ya éramos miembros oficiales del equipo de La Flota, aunque todo hay que decirlo, nosotras ya nos hemos sentido así desde el primer día. Parar el barco y caer al mar, ya surgía solo… el problema más tarde era subir de nuevo… Las escaleras desaparecían sospechosamente, fuerzas inesperadas te hacían caer cuando ya estabas arriba… aunque finalmente, como un gran equipo, nadie se quedaba abajo.
Otro momento importante, fue cuando se nos hizo entrega del kit de supervivencia… destacar su gran utilidad y su diseño, así como el gran esfuerzo de Isabel para encontrarle su función a todo.
Y no me podía olvidar del gran detalle de nuestros R4, que hicieron entrega a los tutores de un regalo para el centro, en este caso, una cámara de fotos.
En fin, pasamos un gran día juntos; las R1 nos divertimos mucho, conocimos un poco más a cada uno de los compañeros y creo que todas coincidimos en que estamos muy contentas de estar donde estamos, porque si ya nos gustaba lo que habíamos visto dentro del centro, mucho más nos ha gustado lo que hemos visto fuera. Las contracturas musculares una semana después y los hematomas por doquier, han merecido la pena. Da gusto trabajar en un ambiente así.
Y por último, daros las gracias a todos (los que pudisteis asistir y los que no) por la gran acogida que hemos tenido, y recordaros que no es necesario esperar para hacer este tipo de actividades extraescolares a que se vayan los R4 o a que lleguen los R1 nuevos, que estas cosas se pueden hacer el resto del año… ;)
Un abrazo!! Lorena.
“Bienvenidas a LA FLOTA”… un punto de vista distinto…
10:23 AM |
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