Es indudable que los criterios de selección determinan un perfil curricular y establecen un marco referencial para quienes pretenden ejercer una profesión en el futuro.
Si la prueba MIR evaluara fundamentalmente habilidades clínicas, las facultades de medicina habrían tenido que cambiar sus clases magistrales por más laboratorios y más formación práctica en centros de salud y hospitales.
Asimismo, si para acceder a los estudios de medicina se tuvieran en cuenta criterios no solo académicos, la enseñanza de bachillerato hubiera tenido que abrir las mentes y los comportamientos de los alumnos a esas otras dimensiones.
Me imagino qué pasaría si la enseñanza oficial tuviera que disminuir el impacto global de la calificación de conocimientos de los alumnos y precisara impulsar ciertas actividades extracurriculares en ellos... “Estudia, saca buenas notas, pero también tienes que participar en asociaciones de tu comunidad, formar o integrarte en un grupo de música, viajar y conocer otras culturas, colaborar con ONGs, desarrollar actividades creativas como la fotografía, la pintura, el cine... Has de tener experiencias, has de ser crítico y transformador de las cosas que no te gusten, hazte voluntario y trabaja en cualquier zona deprimida del mundo a favor de las personas desfavorecidas...” Con todo ese bagaje accede a la universidad, desarrolla tus estudios sin olvidar tus compromisos contigo mismo y con la sociedad y sé un buen profesional.
Shora publicó hace más de 3 años en MedTempus un comentario sobre el tema de los criterios de admisión a las facultades de medicina tomando como referencia los aplicados en la facultad de Medicina de Harvard en donde su Comité de Admisión evalúa no solo el expediente Académico sino, también, otras cosas como una solicitud motivada, la puntuación del Test de Admisión de la Facultad de Medicina, sus actividades extracurriculares, sus ocupaciones de verano, experiencias de la vida y en el campo sanitario (incluyendo investigación y trabajo para la comunidad) y Cartas de Recomendación.
En Holanda se accede a los estudios de medicina partiendo de una nota promedio seguida de una elección al azar (lotería) sin que ello suponga cambios en el rendimiento académico
Por último, en este pequeño recorrido por diferentes formas de acceder a las facultades de medicina, en los países escandinavos tienen una segunda vía de acceso a medicina a través de permanecer (no recuerdo si un mínimo de seis meses o un año) realizando actividades sanitarias de voluntariado con ONGs en Latinoamérica.
Pero en España no, aquí se prima de manera exclusiva el estudio, las horas que el alumno se machaque frente a un libro o unos apuntes. Se favorece el aislamiento social, el individualismo y la competitividad mal entendida.
Así se obtiene el éxito académico, la deseada nota de la PAU necesaria para superar el numerus clausus.
Y con estos “alumnos brillantes” se inicia una formación médica universitaria magistral, que machaca aún más, con más horas diarias de trabajo (entre asistencia a clases teóricas, prácticas y estudio) que cualquier trabajador, sin respetar ni siquiera las famosas 8 horas de ocio. Con unos contenidos docentes decimonónicos, periclitados, cargados de información innecesaria (cuando no inútil), desmotivadores y totalmente descompensados. Se determina una ideología profesional, unos comportamientos y una visión de la medicina ajena al acto médico y al proceso de comunicación médico-paciente.
Durante esta semana he estado revisando bibliografía sobre la motivación de los estudiantes que aspiran a ser médicos y, en todo lo que he leído, recogen las ideas de altruismo, generosidad, vocación de servicio público; también hay mucho escrito sobre la visión humanística de la medicina; no he encontrado publicaciones sobre el abandono de los estudios de medicina; pero sí he encontrado una cita que debería hacer reflexionar al conjuntos de expertos que supongo asesoran a los gobiernos en este tema:
El médico ha de comprender que el paciente no es simplemente un objeto de estudio, sino que es tanto el iniciador como el colaborador del proceso y ha de transformarse en un observador (inspección externa) que participa y realiza una introspección de los datos que le proporciona el paciente (inspección interna) a través del diálogo que se establezca entre ambos (conversación). En el proceso de comprensión de los datos que el paciente comunica sobre su mundo privado, el médico profundiza en su propio sistema personal de pensamiento (vivencias) para poder comparar y clarificar lo que este le cuenta. Así, el diálogo que se establece entre ambos está afectado tanto por el sentido de comunidad (compartir experiencias) como por la calidad de la comunicación establecida (intercambio de información). (F. Borrell)






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