Hace ya unos siete meses que la ultima promoción de residentes salio de nuestro Centro. Aunque a alguno le hemos perdido la pista, con la mayoría seguimos manteniendo contacto , bien en cenas informales o con las sustituciones que ocasionalmente nos suelen hacer. No es una época fácil .Han dejado la relativa seguridad que le suponía el tutor, el centro conocido y tienen que estar andando de aquí para allá donde le surgen los contratos, usualmente de corta duración. Os adjunto las reflexiones de este periodo, de mi antiguo residente, D. Antonio Comesaña, un gran tipo, al que deseo que esta vida de vagabundo le dure lo menos posible
Acabar la residencia de Medicina de Familia suele seguirse de un periodo de incertidumbre. Se deja la relativa comodidad de ser los segundos de a bordo de la consulta, de tener siempre la red de seguridad del tutor cuando no sabemos qué hacer. Cada uno lleva sus pasos por lo que más le atrae. Gente que se decanta por Urgencias, mutuas privadas, que vuelven a presentarse al MIR... y gente que, por lo menos intenta, trabajar en Primaria. Como es mi caso.
Es tradición que al menos algún residente se quede haciendo las sustituciones de verano (que suelen llegar al otoño) en su centro. Pero después de esta prolongación de la residencia (¿existirá el síndrome del eterno residente? ), comienza el viaje.
Mientras uno espera a ser incluido oficialmente en la bolsa de trabajo, se pasa por la oficina de personal del hospital correspondiente ( tantos como áreas de salud desee patearse) para ver si hay algún trabajillo por ahí, como un mercenario de la medicina:
-“ Tenemos un día en Abanilla, y una tarde en el Cabezo. Y doblete en las Torres”
-” Mío, mío, me lo quedo todo. Por lo que pueda pasar mañana”
Esta es la situación ideal, en la que sabes con antelación donde vas a trabajar al día siguiente. Pero también está la experiencia de levantarse sin destino fijo, esperar vestido y desayunado por si te llaman para una baja de ultima hora y tener que salir pitando al sitio en cuestión. O que ese día no haya nada y dedicarlo a otras cosas ( por ejemplo, a dormir un poco más).
No tener un lugar de trabajo fijo tiene sus inconvenientes. Y sus ventajas. Uno está acostumbrado a una forma de trabajar y organizarse en la consulta, que en cada centro suele variar. La llegada a un centro nuevo, eso sí, tiene 3 cosas que nunca cambian:
- Visita a administración, donde tras presentarse uno debe salir con el equipo básico: llaves de la consulta, sello de sustituto y tacos de recetas (“dos de rojas y uno de verdes, por favor”).
- Exploración física de la consulta, que no falte nada: folios, depresores, rollo de papel para la camilla, conos de otoscopio y lamparilla.
- Desastre informático: por muchos problemas que hayas tenido y que ya sepas solucionar, siempre habrá algo nuevo por lo que hoy también tendrás que llamar a Casius. Bien una clave que no aparece o un OMI que no se abre (para alguien que pensaba que la informática la tenía más o menos controlada, esto es muy frustrante).
Tras esto viene lo particular de cada sitio. Hay que acostumbrarse a agendas más o menos apretadas, al sistema de gestionar las urgencias que llegan (por sorpresa o con aviso), a que las recetas de crónicos se hagan programadas cada cierto tiempo o a que te pasen sobres con los “cartones” recortados por los pacientes, a centros que trabajan en conjunto ( con reuniones y sesiones) y centros en los que cada uno va por su lado. Y ya si sales del área en la que estabas acostumbrado a trabajar, te enfrentas a un mundo nuevo: volantes de analíticas que no conocías con sus correspondientes códigos (desde aquí me declaro fan del volante del área VIII), interconsultas a especialidades que no sabes donde están situadas...
Luego están las particularidades de cada médico, a las que uno tiene que adaptarse. La forma en que trata a los pacientes, los protocolos que sigue, los tratamientos que suele usar. Es curioso como a través de los pacientes acabas conociendo al médico al que sustituyes, aunque no supieras nada de él previamente. No solo en el aspecto médico, sino hasta en el personal. Uno acaba enterándose si es más o menos agradable, que estudian sus hijos o si se ha cambiado de casa hace poco.
Por otro lado están los pacientes, que suelen comportarse de forma distinta con los sustitutos. Desde los que al ver que no está su medico, piden alguna receta y se marchan, hasta los que aprovechan la ausencia para contarte todas las cosas que no se atreven a decirle a su medico habitual.
Es difícil cambiar las cosas que uno no comparte, cuando no va a estar mucho tiempo en un sitio. Pero también es la ventaja de esta forma de trabajar, ir aprendiendo un montón de cosas que no conocías, y empezar a usarlo uno mismo, cogiendo lo mejor ( o lo que más nos gusta, que no siempre es lo mismo) de cada sitio, por si algún lejano día puedes llevar una consulta como a tí te gustaría.
PD: Dedicado a los futuros ex-residentes de familia. Y a sus tutores, por supuesto.
La vida del ex-residente de familia
1:00 PM |
Subscribe to:
Post Comments (Atom)






0 comments:
Post a Comment