No en mi nombre

Ya conocéis el “tijeretazo” que el gobierno de la Región de Murcia ha asestado a sus trabajadores. También conoceréis la enorme contestación que se ha materializado en una gran manifestación que ayer recorrió las principales vías de nuestra ciudad y que fue convocada por todos los sindicatos murcianos salvo la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM).

Bien, yo procuro ser respetuoso con cualquier opción ideológica; me parece razonable que haya diferentes sensibilidades que produzcan distintas estrategias para responder a una medida injusta y abusiva.
No me gusta mucho que un sindicato médico se desmarque del conjunto de fuerzas sindicales, sobre todo, por la rumorología que produce entre los demás afectados: “ya están los médicos buscándose la vida” “la clase médica siempre se cree superior” “seguro que negocian privilegios exclusivos”, etc.
No tengo ni la más remota idea de si es verdad o no que están negociando por su cuenta, ni cuales son los términos y contenidos de dicha negociación pero, habida cuenta de que hay una ley, no sé qué otras cosa se puede negociar que no sea su derogación y la puesta en marcha de un espacio de negociación, abierto a todas las sensibilidades, que permita enjugar el déficit mediante el compromiso de todos (administración y empleados públicos). Si alguien es medianamente inteligente en la administración regional, tendrá claro que el contar con los empleados para solucionar el déficit puede que no sea suficiente pero, sin contar con ellos, es imposible. Sí que se debe negociar que se siga cobrando el 100% del sueldo en caso de una baja laboral (habrá que buscar soluciones contra los que profesan el absentismo laboral), o una formación continuada independiente a cargo de la empresa y en horario laboral, o una sustitución de un compañero dignamente retribuida, o un compromiso real para que, una vez superada la crisis, los empleados públicos podamos recuperar el poder adquisitivo que hemos perdido. También es claramente negociable un pacto por la optimización de los recursos y la intervención sobre las grandes bolsas de ineficiencia en la gestión de hospitales y centros de salud.
Fuera de ese escenario de discusión y pacto, todo lo demás es altamente preocupante. Significa tener a la opinión pública en contra de los médicos y esto, si es intrínsecamente negativo para nuestros propios intereses, es mucho peor para los médicos de Atención Primaria, que tenemos un contacto directo y permanente con los ciudadanos.
Soy un médico de familia que trabaja de 8:00 h a 15:00 h, que procura ajustar calidad asistencial con contención del gasto sanitario público, que no realiza actividad privada alguna, que quiere seguir defendiendo al paciente frente a los desajustes del sistema  y que se compromete y defiende nuestro sistema sanitario público como parte fundamental del estado del bienestar.
Pero nadie puede negociar en mi nombre que no se controlen los horarios laborales de los médicos para que puedan seguir manteniendo sus consultas privadas, que se amenace con una especie de huelga de celo intentando aumentar las listas de espera y produciendo más actividad concertada con la privada (que, por cierto, la efectúan los mismos médicos que trabajan en la pública) o que se actúe aumentando el gasto sanitario a costa de la salud de los pacientes y de la viabilidad del sistema sanitario público.

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